Monday , 23 July 2018

Amnesia en el cortijo

La eterna imagen del señorito andaluz autoritario y despectivo al frente del cortijo siempre fue sintomática de clasismo, superioridad moral y delirios de grandeza. Ni en democracia esa estampa ha dejado de ser el icono de décadas de un absolutismo campestre y pureza rural ensillado a caballo de señoríos impostados. La malhadada imagen del cortijo nunca ha desparecido del ideario colectivo. Simplemente, ha evolucionado hasta convertir a Andalucía en una Administración ciega, sorda y muda basada en la creación de una red clientelar alimentada a base de prebendas a cambio de votos. José Antonio Griñán no tuvo más remedio que admitirlo días atrás: hubo fraude y el desvío de 855 millones de euros en diez años fue «una barbaridad». Eso sí, ahora que busquen y condenen al culpable porque nadie parecía tener la responsabilidad ejecutiva sobre el destino real de aquellos fondos. Pero si hubo un fraude reconocido, y el cálculo realizado se aproxima objetivamente a esos 855 millones, media sentencia está ya redactada. Dos argumentos han repetido machaconamente Chaves y Griñán. Uno: sus amplias responsabilidades de gobierno global les impedían conocer en cada mínimo detalle todas y cada una de las partidas presupuestarias, y por tanto desconocían cualquier irregularidad o ilegalidad en su reparto posterior. En el peor de los casos, podría ser motivo de una negligencia reprochable políticamente, pero no una conducta prevaricadora o un delito continuado de malversación. Segundo argumento de defensa: nunca se diseñó deliberadamente una herramienta presupuestaria para delinquir y repartir casi mil millones de euros camuflados en falsos ERE para beneficiar a militantes, simpatizantes y familiares de miembros del PSOE. Y no existiendo esa consciente y predeterminada intención de desviar el dinero, el delito queda como mínimo en entredicho. Y si como presidentes de la Junta andaluza nunca tuvieron sobre la mesa de su despacho la quincena de informes de la Intervención alertando de los abusos y la nula fiscalización previa de ese dinero, la responsabilidad penal será de los subordinados que les ocultaron aquellas advertencias. La salida penal para Chaves y Griñán puede resultar difícil. Ya lo es. No consta en toda la causa ni un solo indicio o prueba de que se lucraran personalmente. Nadie les acusa, al menos a ellos dos, de un enriquecimiento ilícito. Pero no resulta creíble desconocer por completo el complejísimo entramado creado en la Junta de Andalucía, con consejeros y directores generales firmando a troche y moche la tramitación de expedientes tan burdos y falaces como los que se están juzgando. Amnesia de cortijo, lo llaman.
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