Aníbal Santana Merced: Salva vidas con el poder de las letras


Aníbal Santana Merced estaba convencido de que iba a morir en la cárcel. No tenía ni la más mínima duda que el único paisaje que le acompañaría por el resto de su vida serían los barrotes de su celda.

Hasta que un día se asomó la esperanza. Su hija había nacido y la vida tuvo un propósito. No encontró mejor manera para expresarle su amor a su primogénita que con un lápiz y un papel. Comenzó a escribir todos los días narrándole su historia, explicándole por qué estaba allí, confinado, encerrado, por qué se había convertido en un delincuente.

Aquella carta terminó siendo una larga historia de más de 200 páginas que después de acabarla la rompió con tristeza y furia. “Sabía que esa carta no iba a llegar a las manos de mi hija y la destruí. Pero en el proceso, y después de un tiempo, descubrí que me había gustado mucho escribir y que en ese tiempo que estaba escribiendo no me sentía en la celda”, dice.

Ese fue el germen. De ahí en adelante, Aníbal comenzó a leer y escribir. El primer libro que cayó en sus manos fue “El alquimista”, de Paulo Coelho, que se coló hasta máxima seguridad, donde se encontraba desde sus 17 años cuando fue sentenciado a 262 años de cárcel por agresión agravada y robo.

Aníbal comenzó a delinquir cuando tenía 11 años. A esa edad huyó de su casa escapando de la violencia, ya que su padre agredía a su madre, a él y a sus hermanos. En poco tiempo se convirtió en un desertor escolar, comenzó a robar para sobrevivir y fue ingresado en una cárcel juvenil. De ahí en adelante su vida fue una espiral de violencia hasta caer preso. Aníbal dice que nunca fue usuario de drogas ni de cigarrillos ni de alcohol porque lo único que sabía es que nunca sería como su padre. “Yo odiaba a mi padre y ese hombre no es mi modelo y jamás seré como él. Era alcohólico, una persona maltratante”, recuerda sobre aquel hombre que fue el causante de tanto dolor.

Pero esas heridas, ese dolor profundo que parecía que nunca desaparecería, encontró un enemigo poderoso: La literatura. Leyendo se descubrió, aprendió a hablar y escribir como jamás imaginó. “Recuerdo que comencé a tratar de corregirme y escribía en la página de una libreta las palabras correctas y en otra las que no eran correctas y después las pegaba en las paredes. Cuando venían los guardias a hacer el conteo me quitaban los papeles de las paredes porque no se podía y me hacían querellas, pero yo volvía de nuevo porque quería educarme”.

Tanto fue su entusiasmo por ese nuevo descubrimiento que Aníbal cuenta que apenas salía de la celda, cuyos barrotes desaparecían con cada libro que caía en sus manos. “Los muchachos me vacilaban y me la montaban diciéndome ‘ahora nos chavamos con Paulito Coelho. ¡Hasta poeta nos salió!”. Pero las burlas no amainaban su pasión, al contrario, la reforzaba.

Presagio

La primera persona que creyó en él y en su talento, la que lo trató con respeto, que “logró entrar a mi corazón y ami mente” fue la trabajadora social Luz Rosario, quien le regaló una libreta y un bolígrafo y le dijo “algún día voy a leer un libro tuyo publicado”. Y así fue. Luego de 15 años en prisión y tras lograr llegar a mediana seguridad, Aníbal se encontró con otra mujer que le mostró un nuevo camino. Esa fue la profesora Edna Benítez, quien le enseñó a mejorar su escritura con varios talleres de lectura y escritura que impartió en la cárcel de Guayama. De esa experiencia publicó, estando en prisión, los libros “Reflexiones tras las rejas” y colaboró con otros confinados en la antología “Desde adentro: entre la universidad y la cárcel”.

A su salida de prisión el primero de octubre de 2013, Aníbal terminó de escribir “Presagio”, dos historias del bajo mundo escritas desde la cárcel que publicó en el 2016 y que ahora presenta en una segunda edición bajo la editorial Desde Adentro Editores, la cual creó.

En este libro, Aníbal narra las historias de “Pito Presagio”, un niño de 12 años quien se cría en un seno familiar donde impera la violencia y que eventualmente se convierte en un gatillero, así como de “Ernesto”, otro niño que huyendo de la violencia de su hogar comienza a delinquir. Ambas historias son basadas en la vida real, entre sucesos que vivió y otros que les narraron amigos confinados.

“Todo está basado en Puerto Rico y todos los personajes los escogí porque fueron personajes reales, delincuentes notorios. Los utilicé porque me parecían dos historias sumamente impactantes y a la vez interesantes ya que mi intención no es enaltecer el bajo mundo, sino demostrarle a la sociedad el por qué estos jóvenes a tan temprana edad terminan delinquiendo. Por qué terminan vendiendo drogas y por qué abandonan su escuela, su casa, por qué el motivo de las balaceras de carro a carro a plena luz del día, o sea, les demuestro realmente cómo se vive en la calle, en el barrio, en el caserío y cómo es que nuestros jóvenes sobreviven a ese mundo”, explica sobre el contenido de esta entrega, la cual se consigue en formato impreso y digital.

El autor señala que le sorprendió la acogida que tuvo la primera tirada del libro, el cual ha llamado la atención de un productor estadounidense que está interesado en llevarla a la pantalla. “No podemos dar muchos detalles porque tenemos un acuerdo de confidencialidad, pero estamos a ley de ese proceso y estoy muy emocionado porque sé que se va a dar”, dice.

Ante la violencia, educación

Al repasar lo que ha sido su vida, Aníbal afirma que ni en sus más remotos sueños imaginó que éste sería su presente. “Hace apenas 15 años yo estaba seguro de que iba a morir en prisión y estaba claro de eso. Hoy camino por la carretera y miro y digo ‘Gracias señor porque soy libre’. ‘No lo merezco y aun así has tenido tanta misericordia de mantenerme vivo cuando todo apuntaba a una muerte segura’”, expresa.

Entonces enumera la cantidad de veces que estuvo a punto de perder la vida. Fueron más de 20 y algunas de ellas estando en prisión. “No tengo otra explicación que decir que hay algo, un ser supremo, llámele Dios o como quiera, pero sí hay ese ángel que me cuida y que me quiera para algo importante”.

Desde que fundó su editorial Desde Adentro Editores, Aníbal tiene la meta de ayudar a más confinados y exconfinados a publicar sus historias, a promover la lectura y la escritura, pues reconoce su poder.

“Escribir para mí representa seguir sintiéndome libre, seguir abriéndome puertas, camino. Yo salí (de prisión) en octubre de 2013 y en el 2014 ya estaba entrando a la Universidad de Puerto Rico como estudiante (de Trabajo Social) y fundé la editorial”, dice el hombre de 37 años, quien entiende que el país todavía puede hacer más para lidiar con la violencia que nos arropa.

Sus propuestas para disminuirla son mayor educación -con perspectiva de género- y denunciar, hablar, no hacerse de la vista larga. Recuerda la cantidad de veces que fue con moretones a la escuela y nadie le preguntó nada o todas las veces que sus vecinos quedaron callados ante los gritos de su madre que resistía y trataba de sobrevivir a los golpes de su pareja.

“No recuerdo que un policía haya ido a mi casa a arrestar a mi padre. En la sociedad pasan cosas a las que simplemente nos hacemos los ciegos, como que no vemos, y pues terminamos niños convirtiéndonos en delincuentes porque no tenemos otro escape”, opina.

Reconoce que el problema de la violencia es complejo y sobre todo cuando un menor se cría en un hogar donde “se desayuna, almuerza y come violencia”, pero alberga la esperanza de que es posible erradicarla. “Tristemente desde niños nos dicen ‘los niños no lloran o nos enseñan a que si nos dan tenemos que dar. Tristemente nos enseñan eso. Nosotros mismos provocamos esa violencia y a los niños les explota más que a nadie. Por eso no tengo duda de que la educación le salva la vida y rescate a nuestros jóvenes, pero necesitamos profesores, maestros, psicólogos, psiquiatras que quieran hacer el trabajo por el que verdaderamente han sido llamados”, remata con la sabiduría que dan las palabras, con la seguridad de quien saben que los libros, las palabras, salvan vidas.


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