Wednesday , 17 October 2018

Así desnudó Asier Garitano los problemas del Real Madrid

Desde que en 2013 cogiese las riendas del Club Deportivo Leganés en Segunda División B, Asier Garitano ha sumado a su particular registro como entrenador dos ascensos en tres temporadas que ni por asomo le granjearon el prestigio que desde ayer se le otorga. La eliminación del Real Madrid en los cuartos de final de la Copa del Rey supone el hito de mayor resonancia en la historia del cuadro pepinero, por primera vez capaz de vencer a los blancos en partido oficial. El técnico guipuzcoano porta en su particular zurrón una serie de principios que viene inoculando con mimo en su plantel, hasta el punto de hacer de él una de las obras que traslucen una personalidad más marcada de cuantas pueblan el fútbol español. Ayer, en el Santiago Bernabéu, su equipo supo ajustarse a los cánones de su entrenador de principio a final, si bien no hizo falta que ninguna de sus piezas ofensivas ofreciera un rendimiento superlativo para dejar en la cuneta al bicampeón de Europa. Garitano se ciñó a algo tan viejo como pasear sus virtudes, opacar sus debilidades y arañar las de su oponente, la misma hoja de ruta que desbarató la zurda de Asensio sobre la bocina en Butarque, pero con el veneno que añade un marcador adverso. Así venció el Leganés en el Chamartín. Presión selectiva Sabedor de que errar en una presión alta sobre un Real Madrid repleto de jugadores dotadísimos en la salida de balón –más aún con el retorno de Sergio Ramos–, Garitano optó por presionar el segundo escalón blanco, el que ocupaban Llorente y Kovacic. Timorato el primero y excesivamente impetuoso el segundo, forzar la pérdida en el segundo tercio del campo se tornó una tarea más que fáctible una vez las recepciones interiores de los atacantes madridistas fueron un oasis en el desierto. El resultado fue un Benzema que pasó de puntillas por el juego de su equipo y un Asensio que se vio obligado a retrasar o lateralizar su posición para poder sobar la pelota. Ni siquiera Isco pudo compensar la encrucijada. Percutir por los costados Achraf y Theo, quizá las dos piezas más débiles en el cuadro desdibujado que fue ayer el Madrid, más aún dada la exigencia a la que esta temporada viene sometiendo el equipo a sus laterales, recibieron la mayor parte de las balas que disparó el Leganés. Sobre ellos situó su técnico a Amrabat (suplente en la ida) y El Zhar, dos jugadores que disfrutan verticalizando cada pelota y que aprovecharon la ternura de los laterales que presentó Zidane. En el centro, esperando recibir un balón en situación ventajosa, Beauvue para la ruptura y Eraso para el pase atrás, con la misión de finalizar cada jugada que pasara por sus botas y, así, reducir al mínimo el riesgo de sufrir un contraataque que quitase la venda de los ojos al Madrid. Defensa del área Si hay una acción que defina a esta última fase del Madrid que dirige Zidane son los centros al área. Si bien ante el Deportivo de La Coruña su calidad creció en base a lo que posibilitaba el retorno al 4-3-3 y, especialmente, el concurso de Gareth Bale, lo habitual venía siendo que el reguero de intentonas blancas adoleciera de una calidad manifiesta en sus envíos, no tanto por la ejecución técnica como por la situación en que se daba. Sin Marcelo y Carvajal, y con el galés viendo el partido desde la tribuna, la situación volvió a ser un calco cuando el reloj y el marcador apretó a los locales. Garitano reforzó una zaga que no iba corta de juego aéreo con la entrada de Mantovani, su gran especialista en la materia, justo tras hacer el 1-2. Como bien imaginó, el Real puso 44 centros sobre sus dominios. Y como bien trabajó, sólo cinco de ellos encontraron un rematador vestido de blanco.
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