Thursday , 26 April 2018

De profesión, político

La controversia en torno al máster de Cristina Cifuentes ha originado, entre otras cosas, que la atención pública se centre en el currículum de los políticos para verificar tanto su autenticidad como, en última instancia, su adecuación para el desempeño de sus cargos. Sin embargo, más allá de la falsificación o no de títulos y la extendida práctica de hinchar o, directamente, inventarse ciertos estudios para colgarse méritos que no les corresponden, resulta preocupante el déficit laboral que, salvo excepciones, presenta la clase política. En el seno del Gobierno, por ejemplo, abundan los altos funcionarios, cuya larga y provechosa trayectoria en el sector público contrasta con su escasa o nula experiencia en el privado. Y si se amplía la perspectiva, el cuadro general no es muy distinto, ya que de los 350 diputados del Congreso tan solo 126 -apenas el 36 por ciento- han trabajado en la empresa privada. La mayoría de los representantes de PP y PSOE desconocen lo que representa trabajar en el mercado, y entre los pocos que sí cuentan con dicho bagaje abundan los abogados y los profesores, de modo que la diversidad laboral brilla por su ausencia. Aunque en el caso de Podemos casi el 40 por ciento de los diputados trabajaron alguna vez en el ámbito privado, muchos fueron empleos de escasa cualificación. Ciudadanos, con cerca del 70 por ciento de sus miembros procedente del sector privado, es de los pocos que se salvan a este respecto, erigiéndose en la excepción que confirma la regla. El estrecho y monocromático perfil profesional de los políticos, casi todos funcionarios y militantes que lograron ascender dentro del organigrama de sus partidos, constituye una triste paradoja, ya que, en primer lugar, no es un fiel reflejo de la sociedad a la que representan, donde el peso del sector privado es muy superior al del público y no al revés, tal y como sucede en el Congreso, pero, sobre todo, porque ignoran cómo es el día a día de millones de españoles. Legislan sin haber tenido contacto alguno con el mundo de los autónomos y la empresa, el auténtico motor de la economía, con todo lo que ello supone en cuanto a desconocimiento y desapego de la realidad. Además, el hecho de no haber ejercido ninguna otra profesión explica, en gran medida, el denodado empeño de muchos políticos por aferrarse al cargo a toda costa, aun cuando su posición es ya insostenible, debido a la ausencia de expectativas laborales fuera de la vida pública. Una de las razones que explican esta particular carencia es que resulta muy difícil que empresarios o trabajadores cualificados del sector privado renuncien a su posición económica para dedicarse a la política, donde los sueldos son más bajos y encima se verán sometidos al exigente escrutinio público, pero el cambio es posible, como ejemplifican otros países. España necesita menos políticos profesionales y más profesionales que quieran ser políticos.
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