Thursday , 23 November 2017

De tradición galletera

Aguilar de Campoo continúa siendo el «pueblo de las galletas» aunque haya perdido parte del dulce olor a vainilla que no hace tantos años envolvía a la Colegiata de San Miguel. La modernización de las fábricas, ubicadas en el entorno del municipio, también ha dejado para el recuerdo aquellos primeros reposteros que en 1892 aprovechaban el trigo de Tierra de Campos y el azúcar que llegaba a través del puerto de Santander para fabricar y comercializar las galletas en la villa aguilarense. Eran los Gullón, una familia todavía desconocida pero que dejaría de serlo cuando la Infanta Isabel de Borbón la nombrara suministradora oficial de la Casa Real. Gullón no había sido la primera en interesarse por el sector ya que una década antes, y bajo el nombre de Fontaneda, una pequeña confitería abrió sus puertas en Aguilar. Deliciosos chocolates, galletas hechas en horno de leña y bizcochos amasados a mano se ofrecían tras el mostrador del establecimiento. Sus herederos mantuvieron su nombre durante más de cien años aunque la pequeña confitería se convirtió en la década de los 80 y 90 en una gran industria capaz de producir 200 toneladas de galletas. Lo mismo ocurrió con Gullón, que puede presumir de seguir en las manos de la misma familia que la fundó y ser, a día de hoy, una de las empresas más fuertes de todo el país. Ambas surgieron a finales del siglo XIX, pero el nacimiento de estas empresas en Aguilar no se detuvo ahí. El sector galletero de la localidad siguió creciendo a lo largo del siglo XX y en la década de 1960 llegó a haber hasta cinco galleteras en Aguilar de Campoo: Fontaneda, Gullón, Fontibre, Ruvil y Tefe. En esa época, nueve de cada diez galletas que se consumían en España se elaboraban en la villa. Un sueño que pudo truncarse en 2002 cuando el pueblo vivió uno de sus episodios más tristes: el cierre de Fontaneda. Sin embargo, el Grupo Siro se hizo cargo de la compañía con el compromiso de mantener los puestos de trabajo y relanzar la marca. A día de hoy, el conflicto parece ya olvidado. Además de duplicar la plantilla, Siro ha construido una moderna factoría de la que cada día salen decenas de camiones cargados. Junto a Gullón, con su planta VIDA, consiguen que Aguilar de Campoo tenga uno de los índices de desempleo más bajos de toda Castilla y León.
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