Domingo García: “Voy a seguir pintando hasta que me muera”

Para encontrar al artista puertorriqueño Domingo García basta con mirarlo a los ojos. En su mirada intensa, misteriosa, profunda y a veces intimidante, no hay espacio para el engaño. O al menos, eso parece. Cuando habla, lo primero que hace es buscar con la mirada. Una vez encuentra su objetivo, no le abandona.

A sus 87 años, Domingo García enfrenta pérdida de audición y de visión.
A sus 87 años, Domingo García enfrenta pérdida de audición y de visión.
(VANESSA SERRA DIAZ)

El artista aparece en la sala de su casa en Santurce un sábado caluroso al mediodía, vestido de estricto negro. Alto, delgado, con semblante serio, busca las manos de su compañera de vida, Magda Santiago, para que le ayude a llegar hasta el sofá gris, ubicado en la sala de su casa. Camina con dificultad, pero con firmeza. El espacio donde nos sentamos a dialogar con él es acogedor y está rodeado de algunas de sus pinturas, entre ellas tres de la serie de campo de color, donde exploró con el arte pop desde una mirada muy propia. Hay también dos esculturas pequeñas suyas, así como un hermoso desnudo que hizo en la década del 60 y uno de sus tantos autorretratos.

A sus 87 años, Domingo García enfrenta pérdida de audición y de visión. Lo más que le duele es no poder ver como antes y se lamenta. “Me estoy quedando ciego. Es el precio que uno paga”, dice, mientras pregunta hacia dónde tiene que mirar. Cuando encuentra su punto de enfoque, apenas parpadea, como si quisiera aprovechar cada instante de luz.

Considerado uno de los grandes maestros de la plástica puertorriqueña, Domingo García es un artista multidisciplinario que ha trabajado desde el grabado y la pintura hasta la escultura con un marcado interés en la armonía y el empleo del color.

Su trabajo es un referente importante en el arte contemporáneo puertorriqueño, sobre todo, su exploración de tendencias como el expresionismo y la abstracción. Además de artista plástico, García fue educador y gestor cultural, marcando a generaciones de artistas.

Con más de 70 años de trayectoria, el artista -nacido en Coamo y criado en la ciudad de Nueva York-, ha comenzado a donar piezas de su colección a diversas entidades culturales del país. La más reciente, la hizo al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), a la que donó 50 piezas, entre ellas obra sobre papel, una escultura y dos pinturas de gran formato, incluyendo un retrato de don Ricardo Alegría, quien fuera su gran amigo y quien fue un aliado importante cuando decidió establecer en 1958 la Galería Campeche en el Viejo San Juan, donde dio espacio a artistas de renombre, así como a jóvenes que empezaban a abrirse paso en las artes plásticas.

Sobre su trayectoria, vida y pasión por el arte, el artista habló con El Nuevo Día en una amena conversación donde con la intelectualidad, sensibilidad y creatividad que lo distinguen, dejó establecido la importancia que el arte ha tenido en su vida.

Su primer maestro fue su padre, quien, aunque no pintaba de manera profesional, sembró en él esa curiosidad y esos deseos de crear. Luego, cuando comenzó su formación formal, encontró su mentor en el destacado pintor William Locke, en Londres. “Fue el único maestro que yo tuve. Pero más que maestro fue amigo”, recuerda García, quien asegura que también se debe a los grandes pintores, Rubens, Leonardo da Vinci, El Greco, Tiziano, Vermeer, entre tantos otros de los que tiene libros alrededor de toda su casa, y de los que todavía sigue aprendiendo.

Con ellos se fue forjando este gran artista que asegura que pinta porque no sabe qué más hacer. Aunque la visión le ha traicionado, la creatividad no le abandona, como demuestran una serie de dibujos sobre papel que hizo en plena pandemia. “Quisiera hacer más”, dice, pero reconoce su limitación. Aun así, su cabeza e imaginación no descansan y siempre piensa en lo próximo.

¿Qué busca Domingo García a través de la pintura?

Hacer patria, sinceramente. Dios me dio un talento y yo se lo doy a mi pueblo porque es lo que puedo dar, es lo que tengo, esa capacidad visual.

¿Cuándo comienza a interesarse por el expresionismo y la abstracción?

Yo leía mucho y estaba muy alerta a las corrientes internacionales porque el que pinta tiene que estar insertado en todas las corrientes.

¿Hubo críticas a su trabajo por romper con lo figurativo y adentrarse en tendencias más contemporáneas?

No hubo ninguna crítica porque criticarme a mí era buscarse un problema.

¿Por qué?

Porque yo tengo intelectualmente un discurso bien elaborado y un vocabulario bien formado en el arte. Tengo mucha preparación intelectualmente y si quieres discutir, vamos a discutir.

¿Por qué pinta Domingo García?

Porque no tengo más na’que hacer.

Ha trabajado mucho el autorretrato, ¿por qué el interés de mirarse a sí mismo?

Porque soy un egomaníaco… Yo me pinté porque me estaba buscando. De vez en cuando me encontraba. Pero yo no me pinto por vanidad, yo me pinto para identificarme conmigo mismo porque de vez en cuando uno se pierde y se busca por momento. Ese es el autorretrato.

¿Y se encontró finalmente Domingo García?

Por momentos. Pero uno no se encuentra permanentemente, uno sigue evolucionando. Un poco me encontré cuando hice el cuadro, pero después me perdí de nuevo.

¿Pinta todavía?

Cuando puedo. Cuando Magda (su compañera) me lo permite.

Háblame un poco de la escultura. ¿Cómo y por qué incursiona en la escultura?

Es natural que uno haga escultura si pinta. Uno le da con hacer todo. Yo tengo tapices, esculturas, dibujos y todo tipo de pinturas. Todo pintor sueña con hacer escultura.

Pero no a todos le queda bien.

Me queda bien porque yo soy perverso.

¿Qué representa el color para Domingo García?

El color representa la sensualidad de cada cual, pero es algo que no es consciente.

Hablando de color, el negro es un color que predomina en su trabajo, ¿por qué?

Nosotros somos negros y el negro siempre está presente. Pero no me refiero a raza, me refiero a otra cosa, a una tendencia a lo oscuro, a lo latino, a lo africano. Lo oscuro nos apela, lo oscuro es dramático y es muy susceptible.

De toda su obra, ¿cuál pieza tiene un significado especial para usted?

No quiero hacer el papel de listo, pero lo más importante que voy a hacer es lo próximo. Así es que pensamos nosotros los pintores, lo próximo es lo importante. El día que yo me muera, pues se acabó, así que tengo que tener esa satisfacción de lo próximo.

Decía que con la pintura usted hace patria. ¿Cómo se hace patria a través del arte?

Siendo el mejor pintor posible, pero con conciencia. Yo no voy a hacer nada chapuceao ni mal atendido si voy a hacer pintura puertorriqueña. Yo soy puertorriqueño diez veces y cuando pinto estoy muy consciente de eso. Soy producto de mi raza y de mi pueblo.

¿Qué es la pintura puertorriqueña?

Lo que uno quiere ser. Yo soy puertorriqueño, yo soy negro, yo soy tantas cosas, pero lo más importante es que haya esa conciencia… El arte puertorriqueño no es casual, es nuestro, y es hecho con toda la intención de ser algo propio.

¿Cómo descubrió su voz artística?

Yo nací virao. Uno no sabe por qué ni cómo, pero yo tenía que dibujar, siempre estaba dibujando. Me interesaban siempre los libros de arte hasta que pude ir a los museos. Yo me crié en Nueva York y tuve acceso a los mejores museos posible y eso me ayudó mucho. Ahora, yo era puertorriqueño y en Nueva York yo no me sentía parte, yo era ajeno. Eso me hizo ver más allá. Me hizo entender que I’m puertorrican, yo no soy de esta gente. Hablo inglés, por supuesto, pero no me confundo. Hay muchos que hablan un poco de inglés y se confunden. La cosa es no confundirse.

Esa experiencia de vivir en Nueva York, ¿cuánto marcó su carrera?

Es que Nueva York es un centro internacional de arte. Por supuesto me ayudó mucho y me formó. Pero me formó para que yo hiciera algo propio, no para que hiciera algo de ello. Yo no me confundí. Hay que hacer algo propio siempre.

Usted fue un maestro muy querido por sus estudiantes, ¿cuánto disfrutó dar clases?

Yo no sé si disfruté eso, pero es normal y natural que lo que uno tiene lo da. Uno necesita pensar que tiene la responsabilidad de hacer una aportación siempre.

¿Qué le diría usted a esos artistas puertorriqueños que están en pleno desarrollo?

Que no imiten, se pasan imitando tanta cosa. Que hagan lo que sienten, que busquen la raíz de su persona.

¿Cuánto se conoce su trabajo en Puerto Rico?

A mí eso me tiene sin cuidado y yo no pienso en nada de eso, que sepan o no sepan, yo pinto porque nací pa’eso. Soy pintor. Que la gente entienda o no entienda, me reconozcan o no, eso no es asunto mío.

¿Ha valido la pena este camino?

Yo no tengo pena de nada. Yo pinté y hasta que muera voy a seguir pintando.

¿Qué es lo más que disfruta de pintar?

El no saber. Yo no sé lo que estoy haciendo. Esa es la clave de una buena pintura, que uno no sepa, que uno pinte por los instintos, por la percepción. Uno pinta sin saber y el que dice que sabe lo que está haciendo es un mentiroso. Lo más importante en eso de pintar es tener una educación formal, bien formal, en composición, en diseño, en teoría de color. Hay cosas que son inevitables y hay que saber de pintura y hay que tener un sentido histórico de quiénes fueron los grandes pintores y qué pensaron. Hay que leer, cultivarse.

¿Y el que no tenga esa educación formal no puede ser artista?

Es que esto es una búsqueda eterna. Uno está buscando constantemente, por ejemplo, el significado del rojo. El rojo tiene un significado y uno no descansa hasta averiguar por qué el rojo es rojo, es ese tipo de cosa.

¿Cuál es la búsqueda en la que se encuentra ahora Domingo García?

Estoy preocupado en si puedo seguir pintando. Esa es mi preocupación. Lo que yo tengo que decir, no lo pienso, lo hago instintivamente. El instinto es lo que importa, unirse a los instintos, a los sentimientos, a las pasiones, a los amores, todas esas cosas que nutren a uno.

¿Qué preocupaciones tiene sobre Puerto Rico en ese momento?

Ninguna. Ninguna preocupación. Puerto Rico se salva a sí mismo y tiene la capacidad de salvarse siempre, de algún modo. Yo no me preocupo. Nosotros somos valientes, buenos, inteligentes, instintivos y eso de menospreciar a los boricuas es una tontería. Puerto Rico tiene muchos recursos emocionales y nosotros somos patriotas por instinto.

¿Cómo ve la muerte Domingo García?

Igual que antes. La muerte es un disparate que viene a castigar a uno después de tantas luchas. A mí no me agrada eso, cómo me va a agradar eso. La muerte viene y tira a uno contra el piso después de uno luchar tanto por mantenerse de pie, así que yo no voy a decir nada bueno de eso.

¿Cómo quisiera que lo recuerden?

La pregunta es difícil porque a mí no me interesa que me recuerden. ¿Por qué me tienen que recordar? Yo no estoy en ese pensar. Yo pinto porque pinto, no para que me recuerden. Si me recuerdan bien y si no, bien. Yo no tengo nada que ver con eso.

Que lo que hable sea su obra, no usted.

O que no hable. Eso perdura porque tiene un valor intrínseco, educa. Vendrán pintores jóvenes a mirar y a coger algo, y si puedo servir de eso, pues bien. La pintura tiene que dar ejemplo y yo estoy pintando bien, con conciencia, y si vienen los jóvenes y se fijan, pues eso está bien.

Y por eso quiere que se conserve y preserve su trabajo, ¿para las futuras generaciones?

No me interesa eso tampoco. Puerto Rico tiene su historia como la de todos los países y si uno está en esa secuencia insertado pues dirán, “Domingo García es de esta época y las tendencias eran tales y pintó lo mejor posible con esas tendencias”. El impresionismo, el expresionismo, la abstracción, todo eso son tonterías, lo que pasa es que uno está viviendo ese momento y es inevitable que uno coja de eso, pero que uno lo haga a propósito es una estupidez. Yo no voy a pintar expresionista, impresionista, yo no voy a pintar surrealista, y no me voy a levantar por la mañana a decir voy a pintar de tal manera, yo no pienso en eso, pa’qué.

¿Qué le ha dado el arte a Domingo García?

Es sencillo, si no fuera por el arte yo estaría en la cárcel, sería un criminal, sería un bandido. El arte es el que le da a uno vida, es algo positivo, bonito, y yo escogí lo bonito en lugar de lo feo. Cuando uno es joven está desenfrenado, loco, es capaz de hacer cualquier cosa, pero al pintar uno tiene algo que hacer. El arte me ha dado a mí una vida buena, de amor. Uno ama mucho porque el arte crea ese mundo del amor, un amor universal.


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