“El béisbol fue un ente sanador” tras los ataques del 9-11 según varios expeloteros de Grandes Ligas

Pudo haberse convertido en un instrumento de propaganda política, para algunos, pero el Béisbol de Grandes Ligas (MLB), ciertamente, fue visto como un bálsamo para los estadounidenses tras los ataques terroristas a la nación, un día como hoy hace 20 años, el 11 de septiembre de 2001.

Cuando aún imperaba el caos en Estados Unidos, luego que dos aviones comerciales tomados por terroristas se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, y otro contra la sede del Pentágono en Washington, DC., se volvió a cantar ‘playball’ solo seis días después, en seis de los 30 estadios de MLB.

Como parte de los ataques, un cuarto avión cuyo destino planificado por los terroristas nunca se supo, se estrelló en un poblado de Pensilvania. Entre todos los escenarios, 2,977 personas fallecieron.

Bernie Williams, uno de los jugadores puertorriqueños activos en ese momento con los Yankees de Nueva York, estuvo en el centro de todo y vio de cerca el dolor de familiares de las víctimas, pero también de los atribulados rescatistas.

“Me dieron la oportunidad de conocer una persona que tenía un retrato de un ser querido que había perdido. Yo le dije a esa persona: ‘No sé qué decirte, pero creo que tú necesitas un abrazo’. Le di un abrazo y en ese momento encontré el significado de cuán valioso era para nosotros (jugar)”, contó Williams en una ocasión en un conversatorio con este diario, cuando recordó su visita a la zona del ataque en el WTC.

Bernie Williams y los Yankees regresaron al antiguo Yankee Stadium el 25 de septiembre.
Bernie Williams y los Yankees regresaron al antiguo Yankee Stadium el 25 de septiembre. (BILL KOSTROUN)

MLB reanudó la acción seis días después de la tragedia. Sin embargo, en Nueva York tomó más tiempo. No fue hasta el 21 de septiembre cuando la ciudad vio su primer partido local, cuando los Mets recibieron a los Braves. Mientras, los Yankees tardaron hasta el 25 de septiembre para regresar al antiguo Yankee Stadium.

En tanto, el exreceptor Iván “Pudge” Rodríguez, que entonces jugaba para los Rangers de Texas, repasó la disyuntiva que representó para él y sus compañeros de equipo, pensar por un lado en su familia y por el otro en su compromiso con la afición.

“Porque uno no sabía dónde iba a ser el próximo (ataque), si pasaba algo más”, admitió Rodríguez, miembro del Salón de la Fama, a El Nuevo Día.

“Pero a la misma vez, como equipo, entendimos que éramos unos ‘entertainers’ (animadores) del deporte. Entretenemos al fanático para que se mantenga (enfocado) en el deporte y esa fue la razón por la que los Mets jugaron rápido. Fue un momento de nosotros (los peloteros de todos los equipos) decir, ‘somos fuertes, nunca nos rendimos, estamos echando fuerzas para echar al país adelante’. Porque si no hacíamos eso (jugar), seguía el pánico y la incertidumbre. Eso ayudó mucho a que los fanáticos en Nueva York y de todos Estados Unidos se relajaran”, agregó Pudge.

Sentimiento desvanecido

El historiador deportivo Jorge Colón Delgado señala que el béisbol, a raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, se utilizó para levantar el sentimiento patriótico que hasta cierto punto había decaído.

“El béisbol de ese momento (2001) era un béisbol de muchos jugadores de muchas partes del mundo, contrario a la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando los jugadores eran mayormente blancos americanos. Pero según van pasando los años después de la Segunda Guerra Mundial, al haber tantas protestas en Estados Unidos (contra las guerras) y esas revoluciones de los años 60 y 70, se fue perdiendo o se fue dejando atrás el nacionalismo que ellos tenían en esa época de la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial”, repasó Colón Delgado.

Carlos Beltrán, el otrora jardinero que en ese momento se encontraba en apenas su cuarta temporada en las Mayores, entonces con los Royals de Kansas City, tuvo otra percepción en dicho momento.

Beltrán: “Ayudó a sanar”

“No lo percibí así. Lo percibí como un momento de unión. La gente se ponía la mano en el pecho… era más bien como decir, ‘estamos unidos, somos una nación, y como nación tenemos que seguir levantándonos’”, recordó Beltrán a este medio.

“Cuando comencé a jugar (al reanudarse la temporada) lo primero que sentí fue miedo. Recuerda que cuando juegas son cuarenta mil fanáticos (en el estadio). Y cuarenta mil fanáticos es el lugar más adecuado para un ataque terrorista. Un ‘venue’ grandísimo. Sentí miedo… cada avión que pasaba (por encima de los estadios)… tú no sabes”, exclamó.

Pero te das cuenta que el deporte fue algo que ayudó a sanar a mucha gente. No a que se olvidara del momento que se vivió, pero que por lo menos dijeran, ‘voy al juego de pelota y me despejo dos o tres horas aunque después tenga que bregar con la noticia negativa’. Ese despeje ayudó a que la gente sanara”, dijo Beltrán.

Desde el mismo instante en que la acción del béisbol se reanudó, MLB decidió que debía cantarse en cada partido de cada estadio, durante la breve pausa de la séptima entrada, el tema “God Bless America”. Es una pieza que desde su concepción por el compositor Irving Berlin en 1918, tenía una fuerte carga patriótica porque la escribió precisamente durante la Primera Guerra Mundial, tras haber sido reclutado por el Ejército de Estados Unidos.

Al presente, el “God Bless America” que muchos perciben como un himno, se continúa entonando en los estadios de Grandes Ligas. En su naturaleza, la letra por sí sola no supone algo negativo, sino un clamor a Dios por el cuidado de la nación. Pero los opositores a las guerras volvieron a resentir su utilización pues entendieron que se estaba adelantando una agenda política, seguramente al recordar cómo se originó la canción.

Uno de esos críticos fue el otrora primera base Carlos Delgado, quien a su modo ejerció su derecho a protestar, años más tarde luego de la tragedia, en la temporada 2004. Su proceder consistía en negarse a salir del dugout y ponerse de pie durante la entonación de la canción (no durante el himno de Estados Unidos como unos han generalizado), durante los partidos. Para Delgado era y es inconcebible que se utilizara el deporte para adelantar agendas, específicamente a favor de la guerra.

Carlos Delgado militaba con los Blue Jays de Toronto cuando ocurrió el atentado en Nueva York.
Carlos Delgado militaba con los Blue Jays de Toronto cuando ocurrió el atentado en Nueva York. (CARLA D MARTINEZ FERNANDEZ)

Aunque esa continúa siendo su postura 20 años después, Delgado reconoce que en el lado estrictamente deportivo, el béisbol sí cumplió una vital función que será recordada por esa generación.

El deporte trasciende

“En el lado humano pienso que el deporte trasciende todas las cosas que nos separan. Las Torres Gemelas eran un ícono de la ciudad (Nueva York). Lo de las Torres Gemelas fue una cosa lamentable que no tiene explicación. Y cuando hubo la pausa (por la tragedia), que no hubo deporte, y luego se vuelve a jugar, había algo… ese hilo que nos unía era el deporte”, rememoró Delgado.

“Esas son las cosas magníficas del deporte… en un momento de tanta tristeza, para la ciudad y para el mundo. Fue un ente sanador dentro de la solemnidad y de la tristeza del asunto, pues la gente pudo ir y despejarse… O llorar o agradecer (por estar vivo)”, dijo el aguadillano.


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