Saturday , 27 May 2017

«El Frente Nacional no es racista; ¿sería racista el 30% de Francia?»

Los jóvenes franceses temen a Marine Le Pen, sí, pero un 35% podría votarla como presidenta en las elecciones, según un sondeo del Instituto Elabe para el diario «Les Échos». Los franceses menores de 30 años han pasado de manifestarse en masa contra el Frente Nacional cuando lo lideraba su padre Jean-Marie, a convertirlo en el partido más secundado junto con la izquierda populista de Francia Insumisa. La crisis y la impotencia de la Unión Europa, claves. También la inmigración. Fueron los jóvenes británicos quienes más defendieron la permanencia del Reino Unido en la UE, y sus «primos» estadounidenses los que más se movilizaron contra Donald Trump, los dos hitos rupturistas que sacudieron 2016. Pero en Francia no, y el futuro puede darle a Le Pen una victoria que, aunque ahora parece improbable, no es para nada imposible. Davy Rodríguez, de 23 años, vivió un tiempo en Embajadores, apenas a unos pasos de Lavapiés, el barrio de las múltiples culturas, ritmos, cocinas y aromas de Madrid. Mitad portugués y mitad del Bierzo, hoy Rodríguez colidera a los cachorros del Frente Nacional, de las juventudes más organizadas e influyentes de Francia con más de 20.000 miembros. Como muchos otros muchachos -también adultos-, este egresado de la elitista universidad Sciences Po parisina empezó en política en con el comunista Parti de Gauche (integrado hoy en La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon) para terminar no solo votando a la ultraderecha del FN, sino para ser parte y ayudar en su victoria. «He visto en España, en Lavapiés, a gente rebuscando comida en la basura. Yo vengo de los suburbios, de una familia obrera, y veo lo que la UE le ha hecho a España y Portugal con la austeridad, y yo no quiero eso para mi país», explica a ABC en plena vorágine de final de campaña. Su discurso, muy agresivo, ataca sobre todo a Bruselas. «No les hemos votado. Tenemos mucho paro juvenil, no como España, pero necesitamos recuperar la economía», añade. —¿Qué responde a las acusaciones de que usted lidera las juventudes de un partido racista? —El Frente Nacional no es racista; ¿sería racista el 30% de Francia?- responde. «Los jóvenes dudan si votar a Le Pen o a Mélenchon, los candidatos antisistema. Aunque su voto nunca ha sido estable, llama la atención ver que mientras los jóvenes se manifestaban mayoritariamente contra el Front National hace 15 años, ahora lo hacen mucho menos. Mélenchon niega ser de extrema derecha, pero muchos puntos de su programa son de este movimiento ideológico y, de manera lógica, muchas propuestas de la extrema izquierda coinciden con las de la extrema derecha», argumenta el fundador de la consultora Stractegia, Barah Mikail. Jóvenes como Kevin, de 28 años y dedicado al mundo del arte y museos, que votará entusiasmado a Mélenchon -más moderado que en el pasado, dice- y porque Hamon no tiene ninguna opción. «Una segunda vuelta Fillon-Le Pen sería una catástrofe y Macron no me gusta, es una versión diluida de ambos, pero si llega a segunda vuelta no me quedará otra que votarle, como a Fillon, supongo. No puede ganar Le Pen». Meghann Olry, también de 28 años, trabaja como química y al igual que Kevin votará por Mélenchon. En cambio, Meghann no tiene tan mala opinión de Macron, que aun viéndolo como el «candidato de las finanzas y los lobbies» lo apoyaría sin remordimientos en una hipotética segunda vuelta. Sus amigos, aunque simpaticen más con Hamon o Mélenchon, optarán por el ex ministro del Gobierno Valls-Hollande, con tal de alejar a la dupla Fillon-Le Pen de un domingo 7 de mayo monocolor. «Marine Le Pen habla muy bien y sabe conectar con la gente porque consigue darles explicaciones sencillas y utiliza la inmigración y el racismo para ese fin», añade. Kevin, que podría cumplir los cánones de un «bobó» (burgués-bohemio) de la capital no ve a Macron como un líder que se pueda enfrentar en una mesa ante “machos alfa” como Putin o Trump. «Necesitamos a alguien fuerte, con liderazgo, que sea claro con la gente y Macron no lo es, aunque todos los lobbies de Francia lo apoyan», sostiene. No ve comparación entre Mélenchon y Le Pen a nivel económico o europeo -ella quiere el Frexit, algo minoritario, él quiere un cambio de rumbo, apunta-. «Yo quiero decirlo muy claro: los franceses no somos racistas, aquí en este barrio musulmanes, judíos o cristianos pueden vivir en paz con ateos. El problema es que un país tan orgulloso de ser laico no sabe a veces convivir con la religión y con problemas como el de los suburbios, olvidados y señalados por unos pocos». Fillon nos devolvería a la Francia de los 50 Dorothée, enfermera de 28 años, vive al oeste de París, en una zona que ha votado en su mayoría candidatos conservadores las últimas elecciones. Ella lo tiene claro: Macron, aunque se defina de derechas y votante de la extinta Unión por un Movimiento Popular (UMP). Sí hubiera votado a Alain Juppé, pero no al actual líder de Los Republicanos: «Fillon nos devolvería a la Francia de los años 50 y 60. En contra de sus postulados sobre el matrimonio homosexual o por sus escándalos de corrupción”. Su entorno también ha votado conservador en los últimos años. En París el FN no cosechará un resultado como el que se espera de la región norteña del Paso Norte de Calais, donde la inmigración en ruta a Gran Bretaña que malvivía en el campamento chabolista de la Jungla hasta hace unos meses ha alimentado «con algunos altercados» los miedos de los locales y, de paso, las urnas del FN. Dorothée viaja a menudo a esta zona de Francia. «Tengo allí una amiga que por la delincuencia y el levantamiento de guetos de sirios o afganos me ha dicho que votará por Le Pen, porque es la única que puede cortar las llegadas». Para el líder juvenil del FN, que se desmarca del antigo patrón del partido, Jean-Marie -«aunque no solo dijo cosas aberrantes, también luchó contra el tratado de Maastricht, como nosotros ahora»-. Francia no puede permitirse que «lleguen más terroristas que circulen como el que atentó en el mercado de Navidad de Berlín, que fue tranquilamente de país tras el atentado. Debemos controlar quién entra y sale”. —¿Y sobre los terroristas nacidos en Francia y que viven en su país? —Mire, la mayoría se han radicalizado en prisión, como el de Londres. Tenemos un problema con las cárceles y la solución es clara: separar a los islamistas del resto.
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