El Gobierno responde a Rivera: se han recurrido 26 medidas de los independentistas desde 2012

Cuando todo apunta a que la próxima semana se constituirá por fin un nuevo Govern en Cataluña y el Gobierno podrá retirar la aplicación del artículo 155, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dejó ayer perplejos a PP y PSOE al anunciar en los pasillos del Congreso la retirada de su apoyo a Moncloa en la gestión de la crisis catalana y la ruptura del frente constitucional por «dejación de funciones». Esta voz única fue acordada por el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y Rivera en las semanas previas a la celebración de la consulta ilegal del 1-O como señal de fortaleza frente al independentismo. Pero Cs acusa ahora a Rajoy de una aplicación «blanda» del 155 y de «mirar hacia otro lado para que haya un gobierno de cualquier manera en Cataluña». «Hasta aquí hemos llegado con esta posición absolutamente displicente», zanjó Rivera. Cs critica que el Ejecutivo no recurriese los votos delegados del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y del diputado de ERC Toni Comín, fugados de la Justicia. Rajoy le había explicado durante el Pleno que los servicios jurídicos del Estado le informaron de que no procedía el recurso del Gobierno por «falta de legitimidad», dados los precedentes del Tribunal Constitucional. Pero le recordó que el recurso sí fue interpuesto por los diputados del PP en el Parlament. «Yo no puedo actuar de manera caprichosa, sino que tengo que atender a lo que me dicen mis servicios», justificó el jefe del Ejecutivo, recordando también la aplicación del artículo 155 en Cataluña y los 26 recursos presentados por Moncloa ante el TC en relación con el «procés» desde 2012. El segundo argumento de Rivera fue que la Fiscalía considera ya acreditado que la Generalitat utilizó fondos públicos para sufragar la consulta ilegal del 9-N. Una «tomadura de pelo» a ojos de Rivera, que pidió a Rajoy «que vigilen el dinero» porque «no pueden mirar hacia otro lado mientras nos dan un golpe». Y aderezó todo ello acusando al Gobierno de no haber actuado «en la Educación, al no abrir un expediente en el tema de los hijos de guardias civiles, y no ha aplicado el bilingüismo en Cataluña». El movimiento de Rivera tiene difícil interpretación más allá de un estricto cálculo electoralista. Este martes el CIS confirmaba la tendencia a la baja del PP y una consolidación del crecimiento de Cs, pero no la posición ganadora que algunas encuestas auguran a esta formación desde hace meses. Competición electoral La ruptura del pacto constitucional supone un paso más en la estrategia de la formación naranja de dar el «sorpasso» al PP a costa robarle el votante de derechas, y el anuncio de ayer le sirve de salvoconducto para convertir la crisis catalana en territorio de guerra política con el PP. Disipado el riesgo de una secesión a la fuerza, la formación naranja ha vuelto a echar cuentas y, electoralmente, cree que denunciando los errores que haya podido cometer el Gobierno le permite seguir explotando el que ha sido su mayor filón de crecimiento electoral: la crisis catalana. Un escoramiento que los populares creen que no ha sido bien calculado por Rivera y que confían que le hará perder votos «por la otra mitad», decía ayer un dirigente del partido. Esto es, por el espectro del votantes más moderados. Ayer por la tarde, de hecho, el partido mayoritario se frotaba las manos por la cantidad de mensajes de crítica que el anuncio de Rivera provocó en las redes sociales. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se lo advirtió a Rivera. «Esto no le da un voto, esto le puede hacer perder votos y hacer que mucha gente no se lo tome en serio porque ve que está usted de ‘aprovechategui’ en un tema importante», terminó por acusarle. Para rematar, le pidió que se comporte en este tema con «la misma lealtad» con la que lo está haciendo el PSOE. Cs, de hecho, ya venía apuntando maneras. Desde que comenzó el año ha sido crítico con el posible uso de fondos públicos para la celebración de la consulta del 1-O. Rivera exigió a Rajoy que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, asumiera responsabilidades políticas por no haber controlado suficientemente el uso que la Generalitat hizo del Fondo de Liquidez Autonómica. A partir de ahora, Ciudadanos lanzara muchos más ataques como éste al Ejecutivo, siempre con la base de que está siendo blando y actúa con complejos. En todo caso, el anuncio de Rivera suena muy grandilocuente, pero no tendrá efectos prácticos para la estabilidad del Ejecutivo de Mariano Rajoy. El artículo 155 seguirá vigente, los Presupuestos seguirán su camino porque han sido ya negociados y aprobados, lo dijo el propio Rivera, y el pacto de investidura de momento se mantiene. El coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, lo consideró una «pataleta infantil» después de citarse en los pasillos de la Cámara Baja con el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, para conocer el alcance del anuncio. Y el portavoz del PP, Rafael Hernando, lo tachó de reacción «infantiloide». En el PSOE la consideración que se tiene de Rivera y sus estrategias está por los suelos. La portavoz socialista, Margarita Robles, acusó al líder de Ciudadanos de carecer de sentido de Estado. «Evidentemente puede haber discrepancias, pero no pueden servir para romper un acuerdo que defiende nuestro Estado», reprochó. En privado las consideraciones de los socialistas eran más gruesos, desde «oportunista» hasta «desleal» e «irresponsable».
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