El hemiciclo cierra por vacaciones hasta febrero

Como cada año, la llegada de la Navidad trae consigo unas abundantes vacaciones plenarias para los diputados del Congreso. El grueso de sus señorías disfruta ya de asueto desde el pasado jueves 13 de diciembre, cuando se celebró el último Pleno, y aunque la Mesa de la Cámara Baja aún no ha aprobado el nuevo calendario de sesiones para fijar su regreso, lo previsto es que los debates no arranquen hasta la segunda semana de febrero, también como cada ejercicio. En ese caso, se acumularán 52 días sin sesiones plenarias, una semana más de lo habitual, ya que las elecciones del 21-D vaciaron la actividad plenaria de los siete días previos. No obstante, la ausencia de Plenos no es sinónimo de vacaciones para todos los diputados. La Cámara Baja ha habilitado el mes de enero para albergar las comparecencias convocadas por tres órganos nada desdeñables: las dos comisiones de investigación para la presunta financiación ilegal del Partido Popular y para la crisis financiera y la nueva comisión para la evaluación y la modernización del Estado autonómico. En total, 79 señorías pertenecen a estos tres órganos y estarán llamadas a asistir a las sesiones. Tampoco gozarán de tan magno asueto las direcciones de los grupos parlamentarios, que se mantienen al pie del cañón hasta esta semana y mantendrán sus reuniones semanales a partir de Reyes. En total, cerca de un tercio de los diputados mantendrán su trabajo de despacho en el Congreso. Los otros dos tercios estarán libres de pisar la Cámara Baja y desarrollarán su actividad en sus respectivas circunscripciones, preparando el siguiente periodo de sesiones. Una labor que será más dura para unos que para otros. Por ejemplo, los 47 diputados catalanes fueron movilizados por sus respectivos partidos para las elecciones del 21-D y tienen una fuerte actividad postelectoral por delante. Y los que pertenecen al grupo de trabajo que debe desarrollar el reglamento del concurso público para la elección de presidente de RTVE tienen que intentar llegar a un acuerdo antes de que acabe del año. En los últimos años, la presión social ha obligado a los diputados a aumentar su trabajo público entre los dos periodos de sesiones. La tradición inicial es que entre uno y otro periodo se establecieran dos meses sin plenos para que los diputados pudieran dedicarse a trabajar en sus circunscripciones y planear qué iniciativas debían impulsar en el Congreso. Una tarea para la que también tienen reservada la primera semana de cada mes en época plenaria. En los últimos años, la Mesa del Congreso está habilitando el mes de julio en verano y el mes de enero en invierno para albergar el trabajo de comisiones y luchar contra la negativa imagen que ofrecía la Cámara Baja cerrada durante tantas semanas.
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