El Madrid pierde la ocasión

El Madrid tuvo dos palos, pero dos palos por fuera. Dejó la sensación de poder estar jugando una semana sin marcar. Zidane debe tomar medidas en el once. Es un escalonado escaqueo ante la primera responsabilidad de todas, la del gol. A medida que se acercan al área, los jugadores se la pasan pero no para marcar gol, sino para no tener que chutar. Desde luego, culpar a Isco de esto, como a Ceballos de lo de la Copa, solo puede ocurrir en un entorno como el del Madrid, de un piperismo insportable y vertiginoso. El Madrid empezó resuelto, brioso, con otro tono físico. Se notaba que el partido era importante. Benzema tiró al palo en el minuto 7, tras pase de Isco. El Athletic respondió con balones a Raúl García, que se metía entre los medios para lanzar el juego a las alas, sobre todo a la derecha de De Marcos y Williams. De Raúl García se ocupaba mucho el enmascarado Ramos, que saltando en las áreas parecía Scaramouche. En la primera que disputaron le arreó un codazo que le supuso amarilla. García respondía obstaculizando cada inicio de jugada susceptible de convertirse en contragolpe. En la construcción del juego del Madrid destacaba la movilidad, todavía fresca, de Benzema. Pero había algo llamativo: la naturaleza asistencial de su fútbol. Su juego se hace cada vez más auxiliar, cada vez más justificado o protegido o quizás resignado en el papel de mediapunta robot de cocina tiraparedes que ayuda a todos sus compañeros en la improbable ruta hacia la portería contraria. En el vestuario les lavará papalmente los pies. Ese rasgo de su juego cada vez es más marcado. Hasta el punto de ser sospechoso. El juego del Athletic tenía componentes clásicos: urgencia en las bandas y balones aéreos. Keylor fue probado por Williams y Aduriz rozó después el gol (minutos 27 y 28). El Madrid respondió con un toque meditado que recordaba al final de la primera mitad en el Wanda la noche del derbi. Igualmente, Casemiro localizaba la grieta y le cerraba las subidas de De Marcos. Ese mejor juego contó con los interiores, y Kroos tuvo dos ocasiones. Pero las combinaciones fueron declinantes y, sobre todo, exteriores. El arco que va de Kroos a Carvajal pero por fuera. Isco bajaba mucho, estaba muy lejos, y en el centro no rompía nadie, y si se colgaba algún balón en el área nadie comparecía. Era como un teléfono sonando en una oficina vacía. Falta potencia, regate y desmarques. El Athletic, con ganas, equilibró el partido antes del descanso, aunque el Madrid tuvo un par de arreones con final aéreo que nos recordaban lo mucho que había en juego. La segunda parte comenzó como la primera: con los locales pidiendo penaltis, otro clásico, esta vez acompañado de una mayor iniciativa en el juego. En los 45 minutos había destacado Williams, muy rápido en carrera y al primer toque. Otra vez por su lado (ay, Marcelo) llegó una ocasión de Susaeta. San Mamés rugió. Vieja parafernalia que suele augurar trances de sufrimiento madridista. Era más una invocación, porque el Madrid no se deshizo. Mateu Lahoz se equivocó gravemente al no permitir la ley de la ventaja en una jugada en la que Ronaldo se quedaba solo ante Kepa. Fue una contra debida a Modric. Cómo sería el error que el equipo entero acudió a protestar. El partido se transformó en idas y vueltas, con el Madrid alargándose ya mucho, con tres y hasta cuatro “no retornables”. Llegaban más los medios que los delanteros. Bien Modric, poco colmillo en Isco y Kroos. El ruido de la lluvia en la cubierta del estadio intranquilizaba. La Liga sonaba a uralita. San Mamés es un campo rápido y legendario y se sintió que ahí se estaba ventilando parte de la temporada. El Madrid cogió la pelota y se responsabilizó; Cristiano chutó al palo. Las alas crecieron hasta ir metiendo al Athletic en su área. Hasta Ramos subía. El Madrid volvía a su mejor nivel y dominaba por completo, pero faltaba el gol. Zidane cambió en el 81: entraron Kovacic y Borja. También entró Córdoba por el Athletic y esos cambios abrieron un paréntesis que cerró la expulsión de Ramos, una amarilla por bracear en otro salto con Aduriz. El codo lo usó, pero en el tono general del partido chirrió. No fue inteligente Ramos. En unos minutos, el Madrid fue asaetado a tarjetas por Mateu (Ramos, Casemiro y Carvajal no estarán contra el Sevilla). Después de todo eso, el partido ya no era del Madrid, ni probablemente la Liga.
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