Thursday , 23 November 2017

El mejor Oblak, el peor Atlético

Un gigantesco mosaico saludó al Atlético en el Bernabéu, mientras miles de cartulinas moradas y blancas inundaban la noche y conferían un magnífico aspecto al estadio. Dos citas recordaban con incordio el pasado reciente para los rojiblancos, Milán y Lisboa, junto a una Copa de Europa provista de una leyenda con vistas al anfiteatro donde vociferaban y no paraban los hinchas colchoneros, «Decidme qué se siente». Color y sabor de Champions en el escenario por donde hay que pasar para ganar este trofeo, el estadio del Madrid. La réplica atlética llegó rauda según se desplegaban los mantelones, «Siempre robando, Madrid, siempre robando, siempre robandoooo»… La costumbre dictaba un estado de ánimo madridista, esa salida en tromba, equipo de extremos, siempre feroz al principio y al final de los partidos. Lo había advertido Simeone en la previa, y el Atlético no atinó a contener ese empuje. Antes de que la semifinal entrase en calor, Cristiano ya había marcado en el típico rechace que siempre favorece al Atlético. Unos minutos antes a Oblak le había tarareado su parroquia la famosa tonadilla, «Obi, Oblak, cada día te quiero más», en previsión de las angustias que se anunciaban. Da igual los jugadores que tenga el Madrid. Siempre se excita en Europa. Oblak pasó de portero a sustento. Dice el credo rojiblanco que el portero esloveno no cambia la cara, da igual cuál sea el vaivén de los partidos, las circunstancias o la vida. Y apenas varió el semblante ante el bombardeo al que le sometió el Madrid. Extendió su aura de salvador en las grandes noches con una labor colosal en la primera parte. Sacó brazos, guantes y piernas para despejar, amortiguar o desarmar los intentos de Modric, Benzema e Isco. Cristiano estaba demasiado cerca y es demasiado bueno. Hasta ahí no llegó Oblak. La ubicación del zurdo Lucas en el lateral derecho alteró de alguna manera la dinámica atlética, ya que el cerrojo no funcionó como siempre. La proyección de Lucas en ataque estuvo descompensada por su naturaleza. La hinchada atlética siempre tomó la iniciativa en la sesión de cánticos en el Bernabéu, acostumbrada como está a tardes de serenata. Y la parroquia merengue siempre respondió, sobre todo muy molesta cuando Carvajal se lesionó y desde el flanco colchonero le gritaron aquella casposa arenga de Bilardo, «písalo, písalo, písalo». El Atlético no requirió tantos servicios de Oblak en el segundo acto. Y tampoco de Gameiro, ya que Simeone vio como todos que el francés había fallado un gol solo ante Keylor y no provocaba daño en la zaga blanca. El Bernabéu condecoró la salida de Torres con una de las broncas del día. Los movimientos de Simeone redujeron los detalles a la mínima expresión. Quitó a uno de los mejores, Saúl, ante el riesgo de una expulsión (ya tenía una tarjeta) y le dio minutos a Gaitán, estrella en el Benfica y de momento insustancial en el Atlético. El Atlético no admitió una sesión de acoso y derribo, pero tampoco interactuó con sus semejantes. Llegó el segundo gol de Cristiano, blando Filipe en el cruce, sin la habitual energía. Y el asunto se anunciaba aún peor, porque el Atlético no visitaba a Keylor y el Madrid no aflojaba en su empeño. El contragolpe que desembocó en el tercer gol de Cristiano y en el tercer «siuuu» desde la grada coincidió con un curioso mensaje del locutor. «Los seguidores del Atlético permanezcan en su sitio hasta que le diga la policía». «Así, así, así gana el Madrid», respondió el sector blanco.
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