El ministro de Exteriores alemán da por acabadas las políticas de austeridad

Todas las encuestas coinciden en avanzar que el Partido Socialdemócrata alemán (SPD) estará en el gobierno de Berlín, de una u otra forma, tras las elecciones del 24 de septiembre, por lo que su programa sobre política europea es a todas luces relevante. El hasta hace unas semanas presidente del partido y en la actualidad ministro alemán de Exteriores, Sigmar Gabriel, ha determinado esta semana el tomo de ese programa en un artículo que firma en el periódico «Frankfurter Allgemeine» y en el que aboga por una Europa «más social» que definitivamente de la espalda a las políticas de austeridad. Gabriel argumenta la necesidad de esa política de gasto público desmontando algunos estereotipos europeos. «En Alemania, en el mundo político, mediático y económico se dice con frecuencia que nuestro país es el burro de carga de la UE, que Alemania es un país contribuyente neto que paga mucho más a Europa de lo que recibe a cambio…Esto llevó a un recorte de los medios para fondos estructurales europeos y, por consiguiente, a menos dinero para muchas regiones más pobres. También para Alemania oriental. Y esto se le reprocha nuevamente a Europa», explica. «En la Alemania oficialmente tan pro-europea, esta visión distorsionada cala profundamente en la opinión política. Las inversiones en la cohesión y el futuro de Europa se han visto redefinidas para hacer que los alemanes las perciban como una carga. La interpretación ultraderechista de esta narrativa es que el complejo de culpa de Alemania nos hace caer en la tentación de que los alemanes, que trabajan tan duramente, gastan demasiado dinero en favor de los europeos vagos», denuncia,«y según la interpretación de representantes de AfD, lo que deberíamos hacer es enterrar directamente toda la cultura de memoria en Alemania, refiriéndose a la memoria de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto». Beneficiario neto Gabriel desmiente que Alemania sea un contribuyente neto y defiende que es un beneficiario neto. «Naturalmente ingresamos más dinero fiscal en el Presupuesto europeo de lo que recibimos de los fondos de fomento. Pero esto es solo una pequeña parte del cálculo: exportamos casi el 60% de nuestros bienes y servicios a la UE, mientras que ni siquiera un 10% a China y a Estados Unidos». Recuerda que «millones de puestos de trabajo dependen de que a los ciudadanos en otros países de la UE les vaya tan bien, que puedan permitirse nuestros productos» porque «gracias a Dios, no son baratos debido a su alta calidad y a los salarios relativamente altos, de manera que, cada euro que ponemos a disposición para el Presupuesto de la UE vuelve a nosotros multiplicado directa o indirectamente». Gabriel aporta argumentos que no solo responden al partido xenófobo y anti europeo Alternativa para Alemania (AfD), sino también a los movimientos anti europeos que surgen en diferentes países de la unión, al afirmar que «también la supuesta pérdida de soberanía de los Estados nacionales en favor del proceso de unificación europea es una historia falsa». Gabriel apunta que «la verdad es que con Europa, nosotros, los europeos, recuperamos la soberanía que no podríamos mantener en el mundo del siglo XXI, en el que Asia, Latinoamérica y África crecen y nosotros mermamos». Y además identifica como error que «en los últimos años Alemania haya insistido a Estados socios que por favor hagan como nosotros y vinculen las reformas sociales con la reducción de los déficits estatales». La verdad, según Gabriel, es que «nosotros primero hicimos las reformas necesarias en la Agenda 2010 del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y en ese tiempo incluso acumulamos más deudas de lo que permitían las reglas presupuestarias de la UE, porque sabíamos que con ahorros drásticos caería el crecimiento y aumentaría el desempleo». Recuerda que, «en paralelo a las difíciles reformas sociales invertimos masivamente: en escuelas de jornada completa, en energías renovables, en investigación y en desarrollo. Como resultado salimos mejor de la crisis que otros y hoy reducimos deudas y cumplimos fácilmente con las reglas europeas de estabilidad». Anima a «poner fin a la reducción de la estabilidad europea a una mera política de austeridad» y sugiere que, «quien reforme su país, tiene que poder obtener más tiempo para reducir déficits y más ayudas para invertir», todo lo contrario de lo que ha defendido, prácticamente impuesto el ministro de Finanzas y compañero de Gabriel en el gabinete de ministros alemán, Wolfgang Schäuble, cuyos días políticos podrían estar contados a la luz de las encuestas. Algo inaudito Gabriel muestra la disposición de su partido y del candidato Martin Schulz a dar un giro radical a la política de gasto en Europa, pero exculpa a Alemania de la responsabilidad por el hecho de que «en otros países, unos sistemas fiscales y jurídicos opacos y también corrupción y fracaso administrativo provoquen una falta de disposición de inversión y, por consiguiente, un menor crecimiento», señalando así la dirección en la que una Alemania más gobernada por el SPD señalaría para las futuras reformas. También da una importante pista presupuestaria al proponer que Alemania, en el próximo debate sobre las finanzas de Europa haga algo «inaudito». «En lugar de luchar por una reducción de nuestras aportaciones, deberíamos emitir como señal nuestra disposición a pagar incluso más. Invertir en Europa, porque se trata de una inversión en nuestro futuro y en el de nuestros hijos y nietos», sorprende, concluyendo que «lo cierto es que en el mundo de mañana solo tendremos una voz si existe una voz europea común».
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