El secreto de Manuel Díaz, «El Cordobés», para triunfar en el toreo

Volverte a ver Los espectadores de Telecinco tienen la noche del jueves para el lagrimeo fácil y para gastar pañuelos. Carlos Sobera presentó esta semana la que es ya la sexta edición de un programa que se ha vuelto más que previsible y cuyas tasas de audiencia apenas llegan a un mediocre 10% del share. El televidente tiene la impresión de que ya ha visto quince veces la historia que le están contando, presentada siempre como un drama terrible y aderezada con música lacrimógena para avasallar aún más la sensibilidad del espectador. Casi cualquier cosa tiene espacio en Volverte a ver: reconciliaciones, reencuentros, despedidas, homenajes…Un familiar o amigo del sorprendido explica los motivos por los que ha decidido traer a esa persona al programa, que luego va descubriendo poco a poco quién y por qué le ha llevado al plató. En ese punto empiezan los intercambios, de reproches o de elogios según sea el caso, y el clímax final tiene invariablemente forma de abrazo bañado en lágrimas con Carlos Sobera al fondo. Una escena costumbrista de la televisión española. Desamor, arrepentimiento, perdón, nostalgia…todo ello tuvo espacio en la edición de esta semana de Volverte a ver. Como cada semana, el espacio de Telecinco invitó a plató a rostros conocidos para intentar darle un poco más de chispa al programa. La cantante sevillana María del Monte compadeció al comienzo del programa para mostrarle su apoyo a Luz, una de sus fans más fieles que está sumida en la depresión desde que enviudó hace tres años. Su hija quiso llevarla al programa para animarla a recuperar la alegría que le permita acompañar y ver crecer a sus nietos. Otro de los invitados estrella de la noche fue el torero Manuel Díaz González, hijo de El Cordobés, que relató en plató el duro camino que tuvo que recorrer antes de llegar a cumplir su sueño. Compartió con Sobera todo a lo que había tenido que renunciar para convertirse en diestro, las numerosas tentativas de tirar la toalla que había vivido durante su proceso de aprendizaje… «Es un trabajo en el que te juegas la vida», explicó el diestro, «yo cuando estoy delante de un toro me olvido de que soy marido, hijo, hermano, padre…Y solo soy torero». Su cometido en plató fue precisamente ayudar a una madre que no sabía cómo ayudar a su hijo para que se convirtiese en torero. El Cordobés animó al pequeño, y a su madre, a luchar y a superar los cientos de obstáculos que un torero debe afrontar antes de vestirse de luces.
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