Saturday , 21 October 2017

El suicidio de un adolescentede 16 años conmociona a Italia: «No se puede morir por 10 gramos de hachís»

«No se puede morir por diez gramos de hachís». Este es el lamento unánime que hoy se hacen los italianos ante la tragedia de un adolescente de 16 años, Giovanni, conocido como Giò, que se suicidó lanzándose al vacío desde la ventana de un tercer piso, mientras la policía registraba su piso de Lavagna, localidad de 13.000 habitantes en la provincia de Génova, al norte del país. La madre de Giovanni, Antonella, angustiada porque el chaval fumaba hachís, avisó a la Guardia de Finanzas. Los agentes se acercaron al joven la salida de la escuela y se asustó, terminando por confesarles que en su casa tenía algunos gramos de hachís. Los agentes llamaron por teléfono a la madre y acordaron en llevar a Giò a la casa para hacer un registro. Cuando la Guardia de finanzas registraba su habitación se produjo el drama: El joven, que discutió con su madre, se arrojó por la ventana, ante la impotencia del padrastro, la madre y los policías. El padre de Giovanni, Marco, confesó que con anterioridad habían ido a la Guardia de Finanzas para pedir controles en torno a la escuela, porque había traficantes de droga e incluso toxicodependientes de heroína. Marco señaló también que el rendimiento escolástico era cada vez peor y comenzaron a limitarle las salidas. Además, confesó su angustia por no haber sabido comprender suficientemente al hijo, al tiempo que expresa un lamento: «Cuando se hacen estos controles, sobre todo cuando hay por medio un chaval joven y frágil como Giò, sería necesario el apoyo de un especialista capaz de leer ciertas señales y las emociones del momento». El comandante de la Guardia de Finanzas ha reconocido que la madre, desesperada, les pidió ayuda porque no sabia ya qué hacer. Una tragedia que sirva de ejemplo Los padres han querido que su tragedia sirviera de ejemplo para ayudar casos parecidos. Por ello, en el funeral, que se convirtió en una expresión de luto y dolor de todo el pueblo, la madre habló desde el altar, al terminar la misa, durante cinco minutos, dirigiéndose especialmente a los jóvenes para advertirle de los graves riesgos de la droga: «En cada uno de vosotros están presentes talentos que os hacen únicos, irrepetibles, y tenéis el deber de desarrollarlos. Pero desde fuera hay alguien que los quiere sofocar, haciendo creer que es normal fumar hachís y que también es normal ir siempre más allá, en busca de la cosa extraordinaria. Lo extraordinario es apagar el móvil y hablaros a los ojos, en lugar de mandaros emoticones por WhatsApp. Extraordinario es pedir ayuda cuando os parezca que no hay vía de salida. Jóvenes, no tengáis miedo de hablar. A nosotros, padres, nos toca comprender que el desafío educativo no se gana estando solos. Ayudémonos unos a otros. No debe haber vergüenza, salvo en el silencio. Unámonos». «Perdóname, quise salvarte» Las últimas palabras de Antonella, sostenida por su exmarido, fueron dirigidas hacia su hijo Giò que era adoptado: «Perdóname por no haber logrado colmar el vacío que llevabas dentro. Excúsame, yo quería salvarte. Quiero imaginar que allá arriba a acogerte estará tu primera madre y que tu corazón pueda ser colmado en un abrazo que te llene para siempre el corazón». Sobre el féretro de Giovanni se colocó su camiseta albiceleste con el número 6 del Virtus Entella, el equipo de fútbol en el que jugaba como defensa central, en el campeonato de la región de Liguria, cuyo entrenador entre lágrimas, elogió sus virtudes: «Era tenaz y sensible. Era un líder que arrastraba a todos en el esfuerzo hasta el último minuto». Gran impacto y debate en Italia El suicidio de Giovanni ha causado un tremendo impacto en Italia, con el consiguiente debate. El pedagogo Daniele Novara, director del Centro Psicopedagógico, ha manifestado que «se trata de problemas educativos y no judiciales o policiales. La cosa mejor es pedir ayuda a figuras competentes que puedan orientarlos. Sería necesario que hubiera un apoyo amplio para madres y padres, como sucede en Europa, mientras en Italia se les deja solos. Se debe hablar más entre padres y madres para encontrar una línea educativa compartida. El desacuerdo entre los padres y con los profesores crea muchos daños. Los jóvenes no saben a veces a qué atenerse». Por su parte, el periodista y escritor Massimo Gramellini ha esrito que «no se puede juzgar a una madre que se ha improvisado como asistente social e investigadora, haciendo pública su angustia a la Guardia de Finanzas, una madre que se ha visto en el púlpito de una iglesia donde se celebraba el último funeral al que hubiera querido asistir, exorcizando la muerte y el imperdible sentido de culpa con palabras llenas de vida». En el debate que se ha suscitado han surgido algunas voces que han pedido que no se aproveche el dolor de la madre de Giò para hacer campaña a favor de la legalización de las drogas ligeras.
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