Monday , 24 September 2018

Emigración: La recuperación económica vuelve a traer a España a talentos huidos

Tres cabelleras rubias contemplan de puntillas, desde una valla del estadio Santiago Bernabéu, el intenso color verde del césped que baña el campo y las gradas, sin multitud, en las que se puede leer bien claro:«Real Madrid CF». Es la foto que J uan Coullaut eligió para su Whatsapp, probablemente para tener su país, él y sus hijos, un poco más cerca. Decidió convertir el estadio en su segundo hogar, al partir a Francia para buscar mejores oportunidades de trabajo. La foto de Borja Mediero, por el contrario, es de París. El Moulin Rouge asoma detrás de su inmensa sonrisa y, en su caso, le recuerda su travesía fuera de España, país al que decidió regresar, cuando notó que ya no era tan difícil encontrar trabajo. Son los retratos contrapuestos de una misma realidad: la de quienes se marcharon de España con la crisis y consiguieron triunfar en el exterior y la de quienes, desencantados con la falta de sol, ocio, familia y amistades, han decidido regresar, después de comprobar que las cosas no estaban tan mal aquí como cuando se marcharon. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en el primer semestre de 2017 regresaron a nuestro país 33.028 españoles emigrados. Esta cifra, comparada con semestres de años anteriores, es la más alta desde 2012 (solo con la excepción del segundo semestre del año pasado, cuando volvieron 34.942 españoles). Los últimos datos son esperanzadores en cuanto a aumento de retornos, pero no llega a superar la cifra de salidas al exterior. De hecho, en los primeros seis meses de este año, se marcharon 46.004 personas, dejando un saldo negativo de 12.976. Saldo migratorio «Los datos reflejan que la tendencia de la emigración de españoles es bastante estable; si acaso, se ha moderado. En cambio, las inmigraciones de españoles han aumentado levemente. En conjunto, el saldo migratorio de españoles (inmigración menos emigración) se va haciendo menos negativo», apunta Antonio Argüeso, subdirector general de Estadísticas Sociodemográficas del INE. Argüeso matiza que, dentro de las cifras de españoles, se incluyen también aquellos con nacionalidad española, pero nacidos en el extranjero (por ejemplo, en Venezuela) y concluye que, «al disminuir las salidas y aumentar las entradas, parece que la tendencia es que el saldo migratorio mejore». Las cifras de ocupación acompañan la tendencia: de acuerdo con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social solo en noviembre se registraron 637.232 ocupados más que en el mismo mes de 2016. Borja Mediero y Pedro Soriano – ABC «Los programas como “Españoles por el mundo” venden la parte buena: un puesto fijo, un salario alto pero no todo es ideal; hay que tener en cuenta que el coste de vida en Inglaterra es más alto que en España. La comida es más cara, el alquiler es más caro… A eso se suma la barrera del idioma: no aprendes inglés en dos meses, hay que ser realistas», admite Borja Mediero, de 28 años. Compensado laboralmente Este enfermero se marchó en 2012 por la i nestabilidad laboral en España: «No podía planificar mi vida. Te llamaban un día de un sitio para cubrir una baja y, al acabar, no sabías qué hacer». Borja consiguió un trabajo en el Hospital John Radcliffe, pero antes fue camarero, limpió cocinas y hasta ganó unas libras en una casa de apuesta de galgos. «Me ha compensado emocional y laboralmente volver. Ahora el trabajo es más seguro». La odisea de Pedro Soriano, pareja de Borja, fue muy parecida. «Terminé un 31 de diciembre fregando platos en un hotel. Desde luego no era mi plan, todo lo que creía que encontraría fuera se desmoronó». Pero con el tiempo fue avanzando. «Conseguí trabajo como auxiliar de enfermería en un geriátrico, luego pasé a Urgencias en un hospital público y terminé en atención domiciliaria al paciente, que es lo que más me gusta». Aparentemente lo tenía todo, pero quiso volver. «Me cansé de la burocracia inglesa, en lo que respecta al sistema sanitario; se han olvidado del paciente. A nivel personal me cansé de que, a las cuatro de la tarde, cerrara todo, me cansé de comprarme pijamas para ver series de TV, del clima, del frío…¡Soy de Alicante!», explica Pedro. Al comprobar que la situación mejoraba en España no se lo pensó dos veces. Hoy trabaja en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Cansado de Cataluña Marcos Herreros – ABC Marcos Herreros es ingeniero de minas. Se marchó a Chile en 2012 tras perder el trabajo. Durante sus cuatro años fuera no tuvo problemas de adaptación. De hecho, reconoce que en España no lo está pasando tan bien porque trabaja en Cataluña y la cuestión independentista lo tiene «cansado». Pese a ello, este burgalés de 33 años está feliz por haber podido reencontrarse con su país. «Lo que más cuesta de estar fuera de España es la distancia con la familia». Patricia Nur, profesora de educación física de 31 años, volvió hace tan solo tres meses. En su caso, fue el deseo de su novio de probar suerte fuera lo que que terminó de convencerla para irse a Praga. «Encontré trabajo dando clase y en mejores condiciones que en España porque tenía jornada completa, aunque el sueldo era más o menos similar». Si bien en su caso las condiciones económicas eran mejores fuera, le compensó perderlas para recuperar otras cosas: «Volvimos por la familia, no me imaginaba viviendo allí; la lejanía, el frío, la cultura, la gente no es tan cercana… », confiesa. Juan Coullaut – ABC Hay emigrantes que reconocen que no se hubieran ido si el país les hubiera ofrecido más opciones. Juan Coullaut es psiquiatra y se marchó a Francia hace cuatro años y medio. «La coyuntura económica y social que viví no me permitía otra salida. Ahora tengo calidad de vida, mis hijos son bilingües, mi mujer está completamente adaptada a la vida francesa, tengo 44 años y soy jefe clínico de un hospital y experto a nivel nacional en depresiones resistentes», sentencia Coullaut, que también reconoce que de haber tenido un puesto fijo en un hospital en España no se hubiera marchado. Vida «muy dura« Patricia Nur – ABC La posición profesional alcanzada fuera fue lo que también motivó a Álvaro Gómez a quedarse en Nueva York. Este arquitecto de 29 años se marchó al acabar la carrera hace cinco años, pasó por Berlín y Tokio antes de intentar el primer retorno, a Barcelona, pero la empresa quebró. En Estados Unidos encontró un buen trabajo y ahora está pensando en montar su propia firma de diseño. Un joven de su posición cobra, aproximadamente, 65.000 euros al año; «en España, con la misma categoría, cobraría 30.000». Esta es una razón para no volver, aunque reconoce que la vida del inmigrante «es muy dura». Desiré García Mochales también es arquitecta y se marchó hace 5 años. En su caso eligió Suiza. Empezó de camarera pero rápidamente se colocó en un despacho. Hoy vive sola en Lausana, un lugar que reconoce hostil en algunos aspectos, pero que no cambiaría por las posibilidades que tiene ahora para ahorrar. «Aunque es verdad que allí me relaciono con españoles». Y es que fuera o dentro, el país siempre «tira».
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