Emotivo homenaje en la UPR a la decana del teatro Victoria Espinosa



La danza más emotiva y sentimental que quizás haya ejecutado la bailarina Sol Victoria Maisonet Espinosa sobre un escenario fue el regalo con el que decidió honrar a su madre, la decana del teatro puertorriqueño, Victoria Espinosa, y demostrarle su amor hasta la eternidad.

La bailarina danzó esta mañana el clásico “Génesis”, uno de los temas predilectos de la fenecida dramaturga, durante un homenaje póstumo realizado en su adorado teatro de la Universidad de Puerto Rico (UPR), en el recinto de Río Piedras.

El acto de recordación del legado y obra de Espinosa, quien falleció el pasado sábado a los 97 años en Bayamón, inició precisamente con la interpretación del tema “Génesis” en voz de Aixa Ruiz, amiga de la profesora y directora teatral, mientras su hija realizaba el solemne performance que conmovió a los presentes, al punto que en la sala del teatro se escucharon sollozos. Maisonet Espinosa culminó su baile besando la urna donde reposan las cenizas de su madre.

La caja con las cenizas se ubicó en una mesa con flores blancas en el centro del escenario del teatro de la que fue el alma mater de Espinosa.

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)

Imágenes de su labor en las tablas puertorriqueñas y en el quehacer cultural de la isla se proyectaron en el teatro de la UPR, el mismo lugar que albergó múltiples puestas de escenas y proyectos memorables de la maestra Espinosa como fue el estreno mundial en el 1978 de la obra “El público”, de Federico García Lorca, y el Teatro Infantil Universitario que luego se transformó en la Comedieta Universitaria. Espinosa, además, formó parte del grupo fundador del Teatro Rodante Universitario (TRU).

La comunidad universitaria del primer centro de docente del país, artistas, amigos y admiradores del legado de la directora teatral reconocieron en la ceremonia cada aportación de Espinosa como decana, maestra, investigadora, historiadora, directora, mujer negra, madre, luchadora y ser humano excepcional que se convirtió con sus acciones en un baluarte del teatro nacional y de Puerto Rico.

Al homenaje póstumo, asistieron el rector de la UPR en Río Piedras, Luis A. Ferrao, decanos de la UPR, estudiantes y amigos de la directora, quienes ofrecieron el pésame y los respetos a la familia de la fenecida dramaturga. Además de su hija Sol, al evento asistió su hijo Luis Maisonet y su nuera Lucy Medina.

“La maestra Victoria Espinosa es un referente del quehacer cultural y de su conocimiento histriónico en Puerto Rico. Ella es baluarte de esta institución, y su fuerza y obra seguirán paseando por los pasillos de la Universidad de Puerto Rico”, expresó Ferrao.

La decana interina de la facultad de Humanidades de la UPR, Agnes Bosh, también se dirigió a los presentes para reconocer a Espinosa como “la sacerdotisa máxima del teatro nacional”. En representación del presidente de la UPR, Jorge Haddock, estuvo la profesora Margarita Méndez.

La ovación a la decana del teatro nacional llegó con las contundentes palabras de su hija en el escenario, luego de que la profesora retirada Rosalina Perales, autora del texto “50 años del teatro puertorriqueño: el arte de Victoria Espinosa”, leyera una semblanza que narró más de 70 años de historias en el arte escénico.

La hija de Espinosa no solo reveló su estrecho vínculo de amor con su “mamita”, como ella la llamaba, sino que narró la proeza de su madre como guerrera incansable de forjar y defender las tablas puertorriqueñas como un ente transformador para aspirar a un mejor país.

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)

“Este teatro fue en el que mi mamita tanto trabajó por tantos años. No soy muy dada a hablar frente al público, pero deseo empezar por el corazón. Mi mamita fue un ser maravilloso, llena de cualidades que la destacaban por ser humilde, dulce, generosa, mujer íntegra y de grandes valores humanos. La lista sería muy larga… Siempre con una sonrisa y palabras muy sabias. Era una guerrera valiente y audaz. Su enseñanza y legado no solo lo dio a sus estudiantes, sino a todo aquel que la conocía. Mamita habrá terminado en esta tierra, pero su legado vivirá para siempre”, afirmó la hija de la directora al iniciar su mensaje de despedida.

En su alocución en honor a su madre, reveló que Espinosa era una mujer creyente de Dios y de la salvación. Es por ello que, en su lecho, mientras estaba delicada de salud, clamó con fuerzas: “¡Señor, sálvame!”.

“Como su hija, así como mi hermano Luis, llevamos su ejemplo de madre y cómo nos ayudó en nuestra búsqueda. Su espíritu vive, porque su fe estaba en Dios y estaba preparada para cuando la llamaran. En su lecho de salud, clamó ‘Señor sálvame’ y abriendo así la puerta a la eternidad. Dios es bueno. Se la llevó en paz y sin dolor. Mi mamita enfrentó muchos obstáculos en su vida, pero nunca se rindió. Muchos no creyeron que podía y salió hacia adelante”, narró Espinosa Maisonet sobre los últimos momentos de vida de Espinosa.

“Ella deja en mí su legado como maestra y madre, quiero ser como ella. El telón no se ha bajado se hace más amplio para aquellos que desean continuar este hermoso arte”, añadió.

La hija de la directora instó a los presentes a que le ayuden a preservar el patrimonio y legado de Espinosa en la Fundación Luis Muñoz Marín, en Río Piedras.

“A mi mamita le sobreviven 70 años de historia del teatro en archivos y documentos que hay que sobreguardar. Hay unos gastos que el proceso requiere y nosotros no contamos con esos recursos económicos. Queremos asegurarnos que este legado teatral quede para la historia y futuras generaciones”, precisó justo antes de culminar su mensaje y colocar un ramo de flores a lado de la urna de las cenizas de su madre.

Acto seguido, se paró con las manos abiertas frente a las imágenes de su madre y a espalda del público, mientras recibía una gran ovación.

Entre los asistentes se escuchó un “¡Vive, Vicky!” que retumbó en el teatro junto con los aplausos extendidos.

Entre el público, se encontraban el director y maestro Dean Zayas, la dramaturga Myrna Casas, la profesora y actriz Idalia Perez Garay y los actores José Felix Gómez y Julia Thompson, entre otros.

La parte musical del homenaje estuvo a cargo de la cantante Pilli Aponte, quien interpretó canciones de Federico García Lorca, el tema de Teatro Rodantes y se volvió a escuchar el éxito “Génesis”.

La actividad culminó con la presentación de la Tuna de la UPR y el himno de la institución.

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)

(Especial para El Nuevo Día/Ricky Reyes)


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