Iceta y el caos como oportunidad

Miquel Iceta necesita el caos para ser presidente. La vía Borgen que puso encima de la mesa en el arranque de la campaña es su única posibilidad. Los socialistas coquetearon con una fragmentación del voto superior a la que predicen las encuestas que le llevase a superar a Ciudadanos. Pero en la calle Ferraz y en la calle Nicaragua ya no es ese el escenario con el que se trabaja. Aunque los socialistas insisten en privado en su percepción de que Ciudadanos «está inflado». Lo cierto es que las encuestas en Cataluña nunca han inflado a Ciudadanos, sino más bien al contrario, pero los socialistas tienen más vivo el recuerdo de los desvíos al alza que se produjeron en las generales. Quienes mejor le conocen, algunos todavía compañeros y otros que emigraron hace tiempo del socialismo catalán, coinciden en que Iceta intentará ser presidente si se le presenta la oportunidad. En privado ya ha manifestado que si no hay mayorías claras él lo intentará aunque su resultado no sea tan bueno como inicialmente esperaban. «Está convencido de que es su momento», dice un miembro de la dirección del PSOE. «Es el más adecuado para el escenario que habrá el 22 de diciembre», resume otro dirigente del PSC. ¿Y cuál es el escenario que necesita Iceta para ser presidente si acaba en la cuarta posición? La opción de Iceta acabaría si los independentistas suman. Pero también lo haría si PSC, PP y Ciudadanos lo logran pues se vería obligado a apoyar a Arrimadas. Esto es algo todavía más improbable según los sondeos, pero Iceta en vez de alentarlo y empujar para lograrlo, insiste en constatar su improbabilidad: «El bloque constitucionalista no suma», señaló esta semana durante un acto de campaña en Barcelona en el que invitó a Ciudadanos a «superar» su veto a los comunes de Xavier Domènech. La líder de Ciudadanos en Cataluña solo lo intentaría si efectivamente queda por delante de Iceta. Y lo haría como modo de presionar a Domènech. Diferentes dirigentes del PSOE admiten que «sería conveniente» manifestar que se apoyaría a Arrimadas en caso de que ella manifieste voluntad de acudir a una investidura. Entienden que sería un buen modo de demandar su apoyo de vuelta una vez esa investidura falle por la negativa de Domènech. Entonces será el momento de Iceta. Y es que la vía Borgen no es más que la constatación de que los comunes sí favorecerían la investidura de Iceta pero no la de Arrimadas. En el PP nadie piensa, pues todos dan por hecho que Rajoy dará la directriz de facilitar todo lo que sea pasar página respecto a la actual situación de confrontación. Iceta entiende que habrá que reposar unos días los resultados. Los socialistas destacan su preferencia por «separar la investidura del gobierno», aseguran. Y aunque Iceta es una persona partidaria de los gobiernos de coalición entienden que articular esa suma en un Govern sería muy complejo. Su apuesta es un gobierno de su partido con figuras independientes. Y jugárselo todo en el Parlament en cada votación. En el entorno de Iceta insisten que para ellos transversalidad significa «hasta Catalunya en Comù». Ayer, en un acto de campaña en Gerona, en el que estuvo acompañado por Pedro Sánchez lanzó un mensaje muy claro a PP y Ciudadanos que deja claro la aritmética que maneja: «Podéis ayudar al cambio pero no sois el cambio que Cataluña necesita. La alternativa a Puigdemont y Junqueras soy yo». Volver a intentar un acuerdo que vaya desde los comunes y Podemos hasta Ciudadanos parece una quimera, tras el frustrado intento de Pedro Sánchez. Pero será la primera opción que intente Iceta. Es también lo que prefiere Ferraz: «La clave va a ser que Colau y Rivera se entiendan». Y si no que lo expliquen, piensan en Ferraz. El líder del PSC es muy optimista respecto al nivel de colaboración y acuerdos que puede alcanzar con Inés Arrimadas. Aunque entre los socialistas catalanes son mucho más cautelosos con el papel que puede desempeñar Albert Rivera. En Ferraz prefieren no oír a hablar de un acuerdo que incluya a ERC. Iceta asumía la pasada semana en una entrevista que no se imaginaba «que ningún independentista quiera que yo sea presidente, y lo entiendo, de la misma manera que yo tampoco votaré a ningún candidato independentista». Pero nunca ha cerrado formalmente la puerta a aceptar esos votos. No obstante, las encuestas tampoco están apuntando a que ese tripartito de izquierdas vaya a obtener la mayoría absoluta. El 22 de diciembre empieza la partida e Iceta va a jugar sus cartas.
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