Wednesday , 21 February 2018

Juan de Dios Román: «He sido mejor profesor que entrenador»

Metódico, como en la pista, planta su tableta delante del café con churros que acostumbra a desayunar, para no despistarse en ningún detalle. Aunque no lo necesita. Apasionado, como en la pista, vive el balonmano a través de las palabras, convirtiendo la conversación en una historia viva de este deporte. Didáctico, porque nunca dejará de ser maestro, Juan de Dios Román (Mérida, 1942), desgrana su vida, que es la del balonmano, a través de los partidos, las concentraciones y las investigaciones que continúa realizando aun retirado de los banquillos. La Federación de Balonmano le rinde hoy homenaje a toda su trayectoria. Un sinfín de títulos, partidos, éxitos y derrotas para alguien que nunca se planteó ser entrenador. «Intenté formarme en el único sitio que había: la escuela de entrenadores, pero para enseñar balonmano, no para entrenar. Yo daba clases de filosofía. Me llamó un profesor y me dijo que fuera a enseñar a unos niños. Me costó mucho tiempo darme cuenta de que no les enseñaba, sino que los entrenaba. Dos cosas muy diferentes. Siempre lo he dicho: he sido mejor profesor que entrenador», confiesa. Además, su maestro Domingo Bárcenas lo llama para que lo ayude a enseñar a las futuras profesoras de gimnasia en la Almudena. «No me inclino por el balonmano femenino ni masculino. Es el azar», señala. Con ellas rompió las estrictas barreras de la época y lideró la primera selección absoluta, con un primer encuentro internacional en Estrasburgo y con el debut oficial contra Francia en 1967. «Había un enorme prejuicio para salir. El deporte no tenía la importancia de ahora. España estaba asustada, no sabía si entrar o salir. Comenzó a romper barreras el fútbol con el Real Madrid y poco más. Costó mucho convencer a la regidora de la Sección Femenina. Fueron muchos factores que se alinearon, y fue ese año como podía hacer otro». A ellos los llevó a ganar tres, cuatro, cinco títulos de España. «Y me llama el Atlético de Madrid. Pasé de entrenar niños de once años a entrenar al Atlético de Madrid de primera división, que ya había sido campeón unas cuantas veces. Realmente no supe dónde me metía. Lo mío era enseñar y cuando me enfrenté a la realidad de la competitividad tuve que cambiar todo. Me costó mucho ser buen entrenador. Bueno, dicen que fui buen entrenador, pero me costó muchísimo». Fue su primer banquillo de nivel, donde pasó dieciséis temporadas. «El club de mi vida», reconoce. También su primer sueldo en el balonmano: «Cobraba 8.000 pesetas, nunca se me olvidará. Aunque no firmé nunca un contrato. Bueno, firmé uno, en mi segunda etapa, que de nada sirvió». «Hace 30 años, en un Atlético de Madrid-Barcelona tenías a 11.000 personas» Cinco ligas y cuatro Copas del Rey antes de tropezar con otra crisis: la económica. Después de unos años fantásticos en los que, a pesar de no tener éxitos internacionales, la liga española atraía a jugadores de todos los países. «Hace 30 años, en un Atlético de Madrid-Barcelona tenías a 11.000 personas. Quizá faltó cerebro para pensar, como decía mi abuela: “cuando las cosas van bien, ahorra un poco para lo que venga”. No hubo alternativa a la desaparición de los clubes». Antes de la nada, llegó a la final de la Copa de Europa con el Balonmano Ciudad Real, además de otra Liga. Control de calidad Si al principio de su carrera llevó a las mujeres al extranjero, consolidada su trayectoria en el banquillo, encontró su sitio como seleccionador masculino, donde empujó a España hasta los éxitos internacionales: platas europeas en España 96 e Italia 98, bronce en Croacia 2000 y, sobre todo, los bronces olímpicos de Atlanta 96 y Sidney 2000. No obstante, por encima de las medallas subraya la importancia de una labor invisible como impulsor del sistema de captación de talentos o la consolidación de los entrenadores. «En la pirámide de formación debes tener niños y niñas en grupo, luego habrá diez buenos, ocho muy buenos y dos fueras de series. Tienes que acompañarlos. Que no sea solo que se cuiden o se entrenen porque cobran, sino porque hay que hacerlo bien. Tenemos que saber quién, cómo y de qué manera se entrenan. Lo que yo llamo control de calidad en la línea de la formación». Aprender y enseñar siempre Su devoción por el balonmano no le impide ver los problemas que ya acucian a ambas selecciones, como la fuga de talentos: «Por el momento vivimos de que todos han jugado en el mismo equipo. Y supongo que lo paliaremos con la calidad que llega de abajo». O una más inherente al juego nacional: «España tiene una cualidad antropométrica limitada. Tenemos un juego dinámico con un resultado extraordinario desde los alevines, pero con el déficit del lanzamiento a distancia, lo que permite romper un partido. ¿Por qué? Porque es un trabajo específico, poco espectacular y muy individual. Tiempo». «Se ha hecho de todo para aprovechar el tirón de las medallas, siempre ha habido patrocinadores, pero no se ha llegado a explotar del todo» Algo que no abunda en un deporte que vive de los éxitos momentáneos. «Se ha hecho de todo para aprovechar el tirón de las medallas, la Federación siempre ha tenido patrocinadores, muchos o pocos, pero no se ha llegado a explotar del todo. Ahora hay más partidos televisados que nunca, pero los medios nunca han ayudado, y menos al femenino, siempre lo han devaluado. No han sabido atraer a la gente. ¿Pero qué deporte lo ha conseguido?». De robar libros en Francia y en Colonia para seguir aprendiendo, a fomentar en la Federación Internacional mejoras para aumentar el nivel del balonmano, especialmente el femenino. Aún sigue en ello. «En la comisión de cambios de reglas de la IHF trabajé mucho para crear normas que lo hicieran más atractivo. En los 80 imitaban a los chicos y no era ese el camino. Ahora es mucho más interesante y espectacular que el masculino». Y el maestro deja sobre la mesa una última lección. «He tenido una vida muy larga de éxitos y reconocimientos. Dejé la Federación en 2013, con un oro mundial y un bronce olímpico. Lo has conseguido todo, pero un día el teléfono deja de sonar. Hay que estar preparado también para el día siguiente».
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