Friday , 27 April 2018

La mordaz indirecta de una comensal de «First Dates» sobre el pelo de su pareja

First dates En «First Dates», el programa diario de citas que emite Cuatro, no conocen el descanso, y de lunes a viernes llenan todas las mesas del «restaurante del amor» regentado por Carlos Sobera. La historia del amor es tan larga, o más, que la de la humanidad, así que cabe pensar que «First Dates» va a tener material suficiente para seguir emitiendo varios miles de años más, tirando por lo bajo. «La vida solo fluye si dejas fluir tus sentimientos, así que no cortes el flujo de tu vida», comenzó su monólogo un misterioso Sobera. Una vez más, y ya van varias en las últimas semanas, el programa dedicó la noche a otorgar segundas oportunidades para antiguos concursantes. Algunos de los muchos que entraron y salieron solteros del plató de «First Dates» volvieron al restaurante a probar suerte una vez más. También hubo debutantes la noche de este miércoles, como el pedante y relamido Juanjo, un abogado madrileño que se define como «caballero de gustos clásicos, con principios y valores». Su cita, Iberia, también estaba por primera vez en el programa en busca de algo que se parecía bastante a lo que Juanjo representaba. Abogados los dos, conectaron desde el principio y la conversación fue animada y fluida. Hacia el final, Juanjo dijo en el confesionario que «Iberia no es todo lo guapa que me gustaría». Todo eso después de haber presumido de ser una persona con valores, nada superficial y que valora sobre todo la inteligencia de las mujeres. Su justificación fue otra, mucho más elaborada con su elegante labia, «no ha llegado a llenarme todo lo que me gusta que me llene una mujer. Pero desde luego que me gustaría poder mantener una relación de amistad con una persona tan interesante como ella». David, un informático sevillano de 47 años, llegó al programa anunciando lo feliz que era en todos los aspectos de su vida, pero que buscaba alguien que «me haga estar tan o más feliz de como estoy ahora». Frente a él, Sobera puso a cenar a July, una repetidora que, a su anterior cita, le había preguntado a bocajarro en medio de la cena que cuántas veces a la semana mantenía relaciones sexuales. Ambos congeniaron perfectamente y estuvieron contentos y parlanchines durnate la cena, a excepción de un momento en el que a ella se le escaparon unas palabras poco afortunadas. David, que tenía la cabeza calva como una bola de billar, a lo que July hizo referencia durante la conversación sugiriendo que «ahora venden peluquines muy buenos». El sevillano encajó la broma con buen humor, aunque ella de inmediato quiso disculparse y aclarar que en ningún momento había querido ofenderle. El incidente no obstaculizó el amor entre los dos comensales, que acabaron besándose y marchándose con la promesa de una segunda cita.
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