La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico conmemoró sus 60 años


La gala de celebración de los 60 años de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico (OSPR) fue una verdadera fiesta de la música en su mejor expresión con un repertorio hilvanado para deleitar a la audiencia con piezas representativas de las obras de los grandes maestros de la música clásica, así como para destacar la contribución del talento puertorriqueño dentro de este género desde la composición hasta la interpretación. Así mismo plasmó el legado de los hijos de esta patria en los renglones de la poesía e incluso la música popular de trascendencia universal.

El concierto, efectuado el sábado en la Sala Sinfónica Pablo Casals en Santurce, comenzó con una nueva puesta en escena de la magnífica Sinfonía Núm. 5 “Río Grande de Loíza”, de Roberto Sierra. Esta es una de las obras más importantes de la música puertorriqueña, del compositor “clásico” boricua más tocado a nivel internacional.

Comisionada para el Festival Casals 2016, la Quinta Sinfonía del catedrático de composición de la Universidad de Cornell esta vez contó con la Coral Filarmónica de San Juan dirigida por la maestra Carmen Acevedo Lucío, unida a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico bajo la dirección de su titular, el maestro Maximiano Valdés.

El estilo de composición de Sierra hipnotizó al público -que para el comienzo de la gala ocupaba la mitad de las butacas- desde el inicio del primer movimiento, “Endecha”, estableciendo el tono sombrío y a la vez deslumbrante de Julia de Burgos en su “Río Grande…”. Se volvieron a escuchar las nuevas sonoridades que explora el compositor al mezclar las voces con las familias de instrumentos, para desembocar en la “Súplica” del segundo movimiento. Esta música construida sobre el poema de Virginia Sierra del mismo título, culmina con el verso: “mi lágrima se vuelca en tu río”, un sincero homenaje a la excelsa obra de la poeta nacional.

La originalidad de esta partitura de Roberto Sierra se manifestó en el tercer movimiento, “Visiones”, que es un puente para la musicalización del cuarto movimiento, sobre los versos que dan título a esta cantata caribeña de tradición barroca.

A mitad del cuarto movimiento, el gobernador de Puerto Rico Ricardo Rosselló y un nutrido grupo de acompañantes interrumpieron uno de los momentos más sublimes entrando al segundo nivel de la sala. Por decirlo en palabras de Serrat “…la verdad lo que no tiene es remedio…”.

Al terminar la preciada obra, el público ovacionó con genuino entusiasmo a los músicos, a los coralistas y a sus directores musicales.

Culminada la obra de Sierra, la velada musical fue interrumpida, para dar paso a la entrada al escenario del director ejecutivo de la Corporación de las Artes Musicales y al Instituto de Cultura Puertorriqueña, Carlos Ruiz Cortés, quien reiteró que la actual temporada, así como el concierto de aniversario se dedicaban a la Orquesta Sinfónica puertorriqueña. Su discurso culminó reconociendo la presencia del gobernador y la primera dama, Beatriz Rosselló en la sala.

Esta pausa sirvió también para que las puertas de la sala se abrieran para permitir la entrada de todo el público que había llegado tarde a la cita musical. Esta situación, sumada a la reiterada costumbre de aplaudir entre movimientos explica por qué es tan importante la educación musical en todos los niveles de nuestra sociedad.

Continuó el programa con la presencia espectacular de la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, acompañada con delicadeza por la orquesta. Comenzó su sublime intervención con el “Aria de las joyas” de la ópera “Fausto”, de Charles Gounod.

El exquisito fraseo de la pareja artística favorita de los tenores Plácido Domingo y Andrea Bocelli bordó el personaje de la ninfa de las aguas en el “Canto a la luna” de “Rusalka” de Dvorac. La Sinfónica sonó refrescante e inspirada en la “Obertura” de las “Bodas de Fígaro” de Mozart. Y de esa misma ópera, Martínez hizo alarde de sus dotes vocales en el aria “Dove sono”.

El conjunto sinfónico volvió a deleitar al público con su musicalidad y espíritu colectivo en la “Polonesa” del drama musical ruso “Eugenio Onegin” de Tchaikovsky. Esta parte del concierto culminó con otro derroche de destrezas musicales y proyección de la singular voz de Ana María Martínez, con la “Escena de la carta” de esa misma ópera.

Después del intermedio fue notable la ausencia del gobernador y sus acompañantes. El programa musical continuó con la interpretación de la Sinfonía Núm. 1, de Brahms.

La orquesta y su director, el maestro Valdés manejaron magistralmente la amplitud de los cuatro movimientos de este estándar del repertorio romántico filarmónico.

Previo al “encore”, el maestro Valdés tomó la palabra para manifestar el orgullo y el honor que sentía de poder dirigir a la primera orquesta del país en su 60 aniversario.

La Sinfónica entonces, acompañada nuevamente por Martínez, interpretó un arreglo orquestal de “Preciosa”, de Rafael Hernández, para un cierre en espíritu de júbilo, muy acorde con el tono de celebración de este memorable concierto, que lamentablemente no fue grabado para la posteridad ni fue transmitido por las emisoras del gobierno.


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