La tecnología del holograma provee una vivencia musical alucinante


La casa productora de eventos de música clásica CulturArte presentó el sábado el espectáculo “Callas en Concierto: The Hologram Tour”, en la Sala Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes de Santurce, en lo que resultó toda una experiencia alucinante.

Su presidente y director artístico, Guillermo Martínez sorprendió una vez al público isleño con un ingenioso montaje músico-teatral, estrenado en Tokio en mayo.

La carrera y la vida de la mítica soprano griega Maria Callas ha trascendido su temprana muerte en 1977 (a los 53 años), siendo objeto de documentales, obras de teatro y libros, que han venido a complementar sus extraordinarias grabaciones, las películas de sus conciertos y sus memorables clases magistrales documentadas.

No deja de sorprender el vídeo como protagonista del segundo acto de la “Tosca” de Puccini de 1964.

Hay muertos que con su espíritu enriquecen nuestras vidas; Callas es uno de ellos. Esta producción además facilita acercarse al mundo de la ópera del siglo 19.

“The Hologram Tour” es un esfuerzo válido por mantener vigente la cautivadora figura y presencia de esta singular artista.

Si bien, siempre resulta un poco extraño esto de revivir intérpretes fallecidos a destiempo -como el “Rey del Pop”, del Soul y del Rhythm & Blues, Michael Jackson, y el del Hip-Hop, Tupac Shakur- este concierto funcionó por distintas razones.

La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, dirigida por el maestro polaco-estadounidense Tomasz Golka, abrió con brío la velada con la obertura de la opera “Il Signor Bruschino” del compositor italiano Gioachino Rossini.

Acto seguido se hizo presente la figura legendaria de Maria Callas mediante dos procedimientos de alta tecnología: la ilusión óptica que produce la intersección de rayos láser -invención del físico Denis Gabor, reconocida en Suecia con un Premio Nobel-, y la re-masterización digitalizada de memorables grabaciones análogas de la diva.

Con el sonido de los tacos y la entrada del holograma tridimensional de Maria Callas el público quedó sobrecogido -como en una sesión espiritista-, para el aria-vals “Je veux vivre” (Quiero vivir) del primer acto del melodrama “Romeo et Juliette” de Charles Gounod, basado en la tragedia shakesperiana.

La restauración de la legendaria voz logró mezclar con el sonido orquestal en vivo. Aquí se pudo apreciar la experiencia y el riguroso entrenamiento del destacado compositor fílmico Tomasz Golka -también respaldado por una pantalla que le asiste en las entradas y salidas- para conseguir sincronizar ambos mundos sonoros.

La dirección escénica de este peculiar montaje de Stephen Wadsworth – un distinguido director de óperas y teatro, que en Broadway montó “Master Class” sobre Callas, de Terrence McNally-, brilló con el holograma representando el rol de Lady Macbeth en la escena de la carta “En el día de la victoria…” de Giuseppe Verdi.

También resultó convincente la mezcla de tecnología y sonido orquestal en la habanera “El amor es un pájaro rebelde” de Carmen de Bizet, un recordatorio del inmenso registro vocal de la renombrada cantante de ópera del siglo 20. La producción además utilizó efectos especiales en la premonitoria tirada de las cartas del aria “En vano para evitar”.

La sinfónica puertorriqueña resonó dramática y convincente -bajo la batuta del maestro Golka-, en sus otros dos solos: el Preludio al primer acto de la ópera Carmen y el “Waltzer” del tercer acto del verdiano Macbeth.

La recreación del arte histriónico de María Callas mediante el holograma tambien fascinó en “¿Y bien?, marchare lejos” del primer acto de otra ópera decimonónica, en “La Wally” de Alfredo Catallani y Luigi Ilica, así como en “A vos jeux, mes amis” (A sus juegos, mis amigos) del primer acto de la versión de “Hamlet” del compositor francés Ambroise Thomas, antes del intermedio.

El alucinante concierto cerró con tres de las arias más emblemáticas del romanticismo: “Suicidio, aquí está el veneno de Laura” del cuarto acto de La Gioconda, de Amilcare Ponchielli; “He vivido con el arte” de la Tosca pucciniana; y “Casta diva” (Casta Diosa) de Norma de Bellini.


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