La tensa discusión sobre feminismo en una cita de «First Dates»

First dates Difícilmente existirá en nuestro país una persona que conozca a más solteros que Carlos Sobera. Son ya más de 560 noches al frente de First Dates, haciendo de saludador a las miles de parejas que ya han pasado por el restaurante de Cuatro. Las hay, claro, de todos los tipos, y los individuos más impensables han pasado ya por un plató a cuyas cuatro paredes no les falta nada por ver. Empezaron sentándose a la mesa dos asturianos, Avelino y Laura, que se entendieron desde el primer momento. «No hay parejas felices, hay personas felices que hacen parejas», fue la frase que dijo ella para presentarse y definir su actitud ante el amor. Avelino es un hombre simpático y afable, que hizo reír mucho a su pareja. Al poco de sentarse a cenar descubrieron que compartían una pasión por las excursiones de montaña, algo que les sirvió como tema de conversación y como excusa para hablar de una próxima cita. La cena no pudo ir mejor, y finalmente el resultado fue el esperado: Avelino y Laura quedaron para irse de sidras aunque, ella advirtió, «soy muy cañera». La segunda pareja en llegar al restaurante del amor estuvo formada por Santi y Elie, dos treintañeros de Barcelona y Madrid respectivamente. Lo que buscaban en el programa no podía ser más distinto, aunque al final encontraron un nexo de unión. Para Santi, lo más importante son los besos, y buscaba «alguien con labios bonitos y que bese bien, algo muy difícil de encontrar a día de hoy». Elie era algo más trascendente, y buscaba una persona con la que ser feliz y compartir su vida. A Santi le convenció mucho su pareja, le pareció «muy masculino», aunque le sorprendió un tanto la peculiar dieta del madrileño: se come un kilo de zanahorias diario. La cita fue sobre ruedas, y ya antes de llegar al postre ya se estaban besando apasionadamente y Santi emitió su veredicto: besa bien, así que los dos hombres acordaron verse una segunda vez para seguir conociéndose. Fue después el turno de una de las habituales parejas de autodefinidos frikis que de vez en cuando pasan por el plató de First Dates. Luna, de 22 años y pelo morado, fanática de El Señor de los Anillos y de la fantasía cenó con Antonio Jesús, un cordobés de 26 años, acostumbrado a las maratonianas jornadas de videojuegos. Llegó luego el segundo Avelino de la noche, este vigués de 35 años e ingeniero de telecomunicaciones y que se presentó con una escayola en el brazo por haberse caído de la bicicleta. Sin embargo, tenía el gallego alma de filósofo y nada más llegar le dijo a Sobera que «el vacío de nuestra existencia se puede llenar y me gustaría sentirme lleno». Para definirse, dijo ser «platonista y cristiano», amante de la poesía y dado al aislamiento, «me gusta vivir alejado de lo terrenal, como decía aquel poema de fray Luis de León». Además, dijo poder contar con los dedos los besos que había dado en toda su vida. Pocos personajes tan extraños han pasado por el plató de First Dates. Por si no fuera suficiente, también toca el clavicéfalo. A cenar con él se sentó Irene, bilbaína de 30 años, feminista e «inquieta cultural y socialmente». La primera impresión que se llevó de su pareja, dijo, fue buena. Pero pronto cambió. Al poco de sentarse a cenar, salió a relucir el tema del feminismo y la igualdad entre hombres y mujeres. Avelino dijo que existía una «diferencia natural» entre ambos sexos, lo que no le gustó mucho a la bilbaína. «Tus declaraciones sobre sexo y género son muy desafortunadas», le dijo Irene, «creo que necesitas un curso. Te estás metiendo en un fregado del que no sabes salir». El vigués fue muy claro: «Si eres feminista ya lo dejamos, ¿eres feminista?». Ella lo reconoció orgullosa, pero le advirtió de que no la llamase «feminazi». Él volvió a la carga: «El feminismo es una obra de ingeniería social. Hay mujeres que odian a los hombres». «Tienes comentarios muy machistas», le espetó Irene. Luego él se declaró como católico, algo que a ella no le gustó nada pues consideraba la Iglesia como «un club privado». «¿Pero qué tienes contra la religión?». Y ahí volvieron a enredarse en una nueva discusión que volvió a tensarse. Sin embargo, ya hacia el final de la cita empezaron a mostrarse como personas tolerantes y llegaron incluso a caerse bien. Al final, contra todo pronóstico, decidieron darse una segunda oportunidad y conocerse dejando sus prejuicios al margen.
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