Wednesday , 17 October 2018

«La tristeza de los ogros»: pesadilla de una niña muerta

Fabrice Murgia (Verviers, Bélgica, 1983), actual director del Teatro Nacional de Bélgica, irrumpió como un meteorito en el panorama teatral europeo con «La tristeza de los ogros», oscurísima pieza sobre la pérdida de la infancia en el pozo sin fondo de una adolescencia condenada, que escribió en 2009 para el Festival de Lieja. Madrid ha acogido su estreno en español en una cuidada y vigorosa adaptación de Borja Ortiz de Gondra, que incluye referencias al asesinato de las niñas de Alcasser. El argumento trenza dos casos reales: el del alemán de 18 años Bastian Bosse, que en 2006 irrumpió en su antiguo instituto y tras lanzar varias granadas de humo hirió a ocho personas antes de suicidarse, y el de la austriaca Natascha Kampusch, secuestrada cuando tenía diez años por un vecino, que la mantuvo retenida de 1998 a 2006, hasta que pudo escapar; el raptor se suicidó poco después arrojándose al paso de un tren. Una niña vestida de blanco, como de comunión o de pequeña novia cadáver, salpicados de sangre rostro y ropa, es una suerte de narradora que recibe al público entre nubes de niebla con una letanía obsesiva que repite con voz malévola distorsionada electrónicamente: «Érase una vez el hijo del cielo y de la tierra, que tenía miedo de no ser rey y quería convertirse en el único rey hasta el fin de los tiempos. Así que se comió a su padre, a sus hermanos y a sus hijos… ¡Se convirtió en un ogro…!» Pide después que nadie trate de separar la verdad de la mentira: «Yo –asegura– soy real porque todo aquello que uno puede imaginar lo es. Soy tan real como puede serlo una pesadilla». Una advertencia latente en la incierta atmósfera onírica en que se desarrolla la función, cuyo texto Murgia elaboró utilizando fragmentos de las confesiones íntimas que Bastian vertió en un blog y de diversas entrevistas concedidas por Natasha. El resultado es un inquietante cuento cruel salpicado de furioso desconcierto adolescente que habla de naufragios de niños que han dejado de serlo, de encierros obligados o voluntarios, de soledad y asco, de desesperanza, de orfandades sociales, de rabia y dolor. El autor y director lo conduce mezclando el trabajo de los actores, imágenes de vídeo en directo, luces y sonidos. Natascha Kampusch (Olivia Delcan) y Bastian Bosse (Nacho Sánchez) permanecen durante buena parte de la representación encerrados tras cristales en sendos reductos incrustados en el fondo oscuro del escenario. Al final, llegada la hora de la consumación, se suman a la narradora (Andrea de San Juan) mientras suenan las dulces notas del «Oh My Love» de John Lennon. Con una espléndida puesta en escena, «La tristeza de los ogros» es un gran espectáculo desasosegante que nos interroga sobre el estupor y la violencia que se ciernen sobre una edad arañada por la insatisfacción, los miedos y la incertidumbre. Los tres actores realizan un magnífico trabajo en esa onda de fábula y pesadilla. «La tristeza de los ogros» (****) Autor y director: Fabrice Murgia. Adaptación: Borja Ortiz de Gondra. Escenografía: Françoise Léfèbvre. Vestuario: Marie-Hélène Balau. Iluminación: Manu Savini. Sonido: Maxime Glaude. Vídeo: Jean-François Ravagnan. Intérpretes: Olivia Delcán, Andrea de San Juan y Nacho Sánchez. Teatros del Canal. Madrid.
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