Monday , 22 October 2018

Macri recupera la confianza de los mercados

El jefe de Gabinete, Marcos Peña y los ministros de Finanzas, Luis Caputo y de Hacienda, Nicolás Dujovne, lo rechazaron de plano, «No, para nada es el día D». El vencimiento de Lebac (Letras del Banco Central), por valor de 617.000 millones de pesos (unos 21.000 millones de euros), se presentaba como la madre de todas las batallas para el Gobierno. La idea de que superada esa prueba el campo de la confianza, o buena parte del mismo, sería orégano (o soja) estaba plantada pero también que si estallaba la bomba del impago supondría el principio del fin de la Administración de Mauricio Macri. El Gobierno no se equivocó. Por el contrario, superó todas las expectativas y logro no sólo que el 100 por ciento de esos títulos se renovarán sino que sumo otros cinco mil millones de pesos más. Todo un récord y algo más que un balón de oxígeno en tiempos de turbulencias. Al éxito de las Lebac se sumó el cierre de la jornada con un dólar inferior a 25 pesos, el techo que parece, de momento, ser el tolerable para el Gobierno. Además, la bolsa echó la persiana al alza. Las buenas noticias del Ejecutivo se sucedían a las conocidas de respaldo y nuevas llamadas de teléfono de presidentes como Donald Trump y Angela Merkel. Entre la reacción y la buena voluntad de la oposición, Macri había logrado también la víspera que los jefes de bloque del Senado difundiera un comunicado de apoyo. El terremoto provocado por recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) pareció, por fin, no tener réplicas más severas que las conocidas. Por el contrario, fortaleció con más músculo a un Gobierno que atravesó dos semanas consecutivas con el agua al cuello. Luis Caputo justificó la decisión de volver al Fondo «para evitar una crisis». El lunes el ministro, se mostraba tranquilo por el asunto de las Lebac. Tenía claro que los bancos eran y son titulares del 46 por ciento de las famosas Letras del Banco Central, los fondos de inversión de un 10 y los ahorradores locales de algo más de un 8 por ciento. Con rendimientos del 40 por ciento, cambiar de caballo cuando, de momento, va ganando la carrera no parecería una decisión acertada salvo para aquellos que están convencidos que nunca llegara a la meta. En efecto, su pronóstico fue certero y hasta corto. Los mercados y los ahorradores le renovaron con creces la confianza ante el nuevo escenario de un dólar más caro. En reunión con un reducido grupo de corresponsales extranjeros, entre los que se encontraba ABC, los principales espadas del Gobierno se mostraron confiados en el futuro inmediato de Argentina y ratificaron las líneas maestras de un «gradualismo» que ahora deberá apretar el acelerador. «No vamos a cambiar el rumbo económico, vamos a acelerarlo», sintetizó Marcos Peña. La velocidad prevista, en palabras de Dujovne, se impulsará para alcanzar, «la convergencia al equilibrio fiscal, la integración de Argentina en el mundo y la lucha contra la inflación mediante el cambio flotante». Dicho esto, insistió, «nada de eso va a cambiar por el acuerdo con el FMI». El organismo con una imagen detestable entre más del 75 por ciento de la población, se ha convertido en un salvavidas frente a posibles tormentas financieras para Macri. Luis Caputo lo ilustra, «nos asegura financiamiento hasta fines del 2019. La duda posible sobre Argentina la hemos vencido. Se trata de brindar certeza y tranquilidad a los mercados». Dicho de otro modo, «tomamos un seguro, por si pasa algo en los mercados, para evitar que Argentina se vea afectada. Lo hacemos preventivamente». Pese a todo, la inflación, el virus que se cuela históricamente por las rendijas de la Argentina de ayer, de hoy y de siempre (salvo periodos cortos excepcionales) seguirá siendo un dolor de cabeza para el Gobierno y los ciudadanos. Dujovne lo explicó después de recordar, «el descalabro económico» recibido y «con precios de las tarifas de servicios públicos que apenas cubrían el 10 por ciento» de lo que costaban. En ese contexto, reconoció: «Los objetivos antinflacionarios del 2016 fueron demasiado ambiciosos». Los ministros que llevan el peso para amortiguar este último cimbronazo, coincidían al defender el modelo de Gobierno. «De ninguna manera creemos que no haya funcionado o que se esté descarrilando el proceso», aseguraba Marco Peña. «Si hace dos años decíamos que íbamos a estar creciendo durante siete trimestres, haber ganado una elección (legislativa) a mitad de término, con más inversión y empleo, bajando la pobreza y con el apoyo de todos los países, habríamos pecado de optimismo», ironizaba. Inflexible en su convencimiento de que los pasos del Gobierno fueron los adecuados, Peña reflexionó, «ni por asomo es el peor momento económico del Gobierno, el peor momento fue cuando llegamos. No teníamos reservas, ni acceso a los mercados, ni presupuestos público». Ahora, añadió, toca «cuidar la confianza hacia adentro y hacia fuera». Para concluir, pronosticó, «al final, será una buena noticia que hayamos recurrrido al FMI». El éxito de las Lebac, quizás, haya empezado a darle la razón.
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