Málaga sopla las primeras 90 velas del maestro Alcántara

Manuel Alcántara sopló sus primeras 90 velas entre amigos. El maestro no podía disimular su sonrisa. Entró del brazo del torero Javier Conde, se sentó en la mesa central del Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga y le sirvieron un dry Martini, esa bebida que es parte de su leyenda. La alzó en brindis antes de ser flanqueado por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y Antonio Pedraza, presidente de la Fundación Manuel Alcántara. Málaga le rindió homenaje, le cantó el cumpleaños feliz y le destacó como el mejor amigo de aquellos que cada mañana se asoman a la ventana de pulcra realidad escrita que es su columna. En el salón donde los ilustres malagueños de hace un siglo tienen su imagen, uno de los más grandes agradeció todo el cariño recibido. «Los amigos no son solo los hermanos que se eligen, sino también los que nos han elegido a nosotros», aseguró tras apagar la velas el maestro. Entre el centenar de invitados tomó la palabra Francisco de la Torre para dar las gracias a Alcántara «por su presencia, trabajo, columna diaria y los casi 30.000 artículos escritos en su vida». Estuvieron muchos de los que le han acompañado durante años de tertulias bebidas, con un cigarrillo que se aspira a caladas tranquilas y una mirada que «ve el tiempo a través de una paciencia extraordinaria», aseguró Rafael Salas, presidente de la Asociación de prensa de Málaga. Fue el miércoles pasado –como recordó Juan López Cohard– cuando a todos sus títulos sumó «este de nonagenario que los dioses nos han regalado». A esto respondió el maestro con ironía, diciendo que «la edad a veces resulta un peso insostenible». Pero la aguanta con lucidez, regalando cada tarde, con un folio que entra en su Olivetti, otra columna. «Una carrera de 100 metros, a ser posible sin obstáculos», citó Juvenal Soto, rememorando a Alcántara. Antonio Pedraza, presidente de la Fundación que preserva el legado de Alcántara, recordó que el maestro nunca ha perdido la curiosidad. «Es la virtud que más le adorna, sin ella estaríamos perdidos», señaló Pedraza, que rememoró la crónica sobre la faena de Javier Conde en La Malagueta en 1995 antes de que entrara Estrella Morente, una granadina malagueña, que le dedicó una improvisada copla a Alcántara desde el corazón. «La amistad se elige y doy gracias a todos vosotros de haberme elegido como amigo», concluyó Manuel Alcántara antes de acudir a su cita con la columna para regalar «la alegría le leerle cada día» –como apuntó De la Torre–.
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