Manual para triunfar en cualquier cadena como entrevistado

Al espectador le puede asaltar la sensación de que a los programas de entrevistas acuden siempre las mismas caras, sin que apenas importe la cadena. No es una impresión falsa del todo, pero sí engañosa. Es cierto que hay una serie de personajes «cansinos» y omnipresentes, como suele ocurrir con los líderes políticos en campaña electoral. Los últimos estrenos de este tipo de espacios, «El acabose» de José Mota en La 1 y «El árbol de tu vida» de Toñi Moreno en Antena 3, ayudaron a fomentar la creencia, con su escasa originalidad o riesgo a la hora de elegir a sus invitados: Antonio Banderas, Alejandro Sanz, David Bustamante, Chenoa, Miguel Ángel Revilla… El político cántabro le cuesta tanto perder un duelo de audiencias como unas elecciones. A casa de Bertín Osborne ha ido dos veces y mantiene el récord de público en su etapa en Telecinco, bajo el título de «Mi casa es la tuya». Pero Revilla dista de ser infalible y fracasó, de hecho, cuando Mediaset le encomendó presentar «Este país merece la pena», que se pudo ver durante cinco domingos, a finales de 2014. Nunca llegó al 9% de cuota de pantalla. El dato contrasta con un vídeo en el que el político -también es una estrella en Facebook- estalla de indignación para deleite de los 7,5 millones de personas que ya lo han visto. En su programa fallido, en cambio, Revilla recorría España en un taxi conducido por Julián en busca de personas no mucho más conocidas. A la postre, sus historias no interesaron a casi nadie. Ramón Camblor, director de Magazines de RTVE, explica el conservadurismo de las cadenas y productoras: «Si estrenas un programas de entrevistas, tener a Iker Casillas, por ejemplo, da prestigio porque cae bien y tendrá relevancia en otros medios, que probablemente se harán eco de sus declaraciones, lo que permitirá a su vez situar el formato en una posición importante para pelear por otras caras. Va más allá de la audiencia». Los expertos consultados coinciden en una serie de nombres, como el del guardameta, que casi garantizan por sí mismos un buen resultado. Javier López Cuenllas, director de Marketing de Mediaset España, matiza que no solo de fama vive el invitado. «La sencillez y la claridad con la que transmite su mensaje es un valor añadido, no solo en televisión, en todos los aspectos de la vida, pero en televisión todavía más. Cuando un personaje transmite su mensaje con emoción y pasión, traspasa la pantalla. El público lo capta y se queda prendado», explica el directivo. El color no importa El color político es casi lo de menos, aunque es más fácil que Rajoy triunfe en TVE y que Pedro Sánchez se refugie en La Sexta. Dentro del mismo partido, por ejemplo, tiene mucho más éxito Esperanza Aguirre que José María Aznar, como se vio en el programa de Osborne, que hizo su mínimo histórico con el expresidente: 13% y 1,6 millones. También es preferible repetirse que defraudar. En el caso de Revilla, las cadenas podrían llevar una réplica con el material grabado y no perdería público, al contrario de lo que le ha ocurrido a Pablo Iglesias, fenómeno que López Cuenllas explica en el recuadro de la derecha. Más que en las caras, la monotonía de rostros tras el cristal catódico se aprecia en los grupos de población. A la tele van cantantes con gancho (a ser posible de «OT), toreros, futbolistas, presentadores de televisión, actores, políticos y humoristas. Ver a un científico o a un escritor no supondría menor sorpresa que contemplar una entrevista con un bombero-torero. Según Ramón Camblor, no es más que la selección natural en el juego permanente entre las cadenas y su audiencia. «Conoces al público al que te diriges. Probablemente, un científico tiene más relevancia e interés en un programa de corte cultural de La 2 que en franjas donde los espectadores no buscan contenidos de ese tipo. Igual que una entrevista en un programa de corazón con Bustamante tiene más éxito que si la emites en “La aventura del saber”», dice el director de Magazines de RTVE. «En la panadería compras pan, y en la carnicería, carne», resume de forma más castiza. En todo caso, los invitados los suelen elegir las productoras, aunque las cadenas pueden realizar indicaciones, para promocionar algún estreno (también cinematográfico) o potenciar a otro presentador o a sus colaboradores. Por supuesto, la mayoría de entrevistados también venden algo. Y luego están los casos remunerados. Algún asiduo ha llegado a estar en nómina de la productora correspondiente. Casi nadie se mueve gratis, aunque en ocasiones se impone la amistad, como cuando Bertín visitó a Casillas y a Sara Carbonero en Oporto.
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