Mickelson, un éxito entre hermanos

Hace exactamente un año se dio una circunstancia de lo más extraña en el Mundial de México. El caddy de Phil Mickelson, Bones Mackay, se sintió indispuesto por el mal de Moctezuma y tuvo que abandonar a su jugador nada más empezar el recorrido. Afortunadamente para el zurdo, su hermano Tim se encontraba en el torneo ejerciendo de representante de Jon Rahm y no dudó en echarse la bolsa al hombro para sacar del apuro al antiguo número dos mundial. El hecho, que podría parecer baladí, no lo fue en absoluto. Bien fuera por el cansancio de una relación que duraba ya veinticinco años o porque entre los hermanos surgió una chispa especial ese día, la consecuencia se materializó tres meses después: Phil dejaba de trabajar con Bones y contrataba a Tim para acompañarle el resto de la campaña. En esos momentos el vasco no le dio mayor importancia al asunto («como vamos a jugar casi los mismos torneos le voy a tener cerca de mi en todo momento», declaró en el Open Británico), pero lo cierto es que empezaba a perder a su mánager y mentor desde que llegó a Estados Unidos. Aunque el español siguió compartiendo a su amigo con el mago de San Diego hasta final de campaña, era evidente que la situación era insostenible. «Si nos encontráramos alguna vez en un final apretado él iba a mirar lógicamente por los intereses de su hermano», comentó Rahm el pasado diciembre cuando anunció que iban a dejar de trabajar juntos. La empresa Lagardere le iba a proporcionar otros mánagers que le acompañarían en su periplo por los circuitos americano y europeo. La separación, no obstante, fue beneficiosa para ambas partes. El vasco ganó de nuevo en el PGA Tour en enero y el norteamericano encontró una nueva vía de éxito como escudero de Phil. Después de una carrera de triunfos como entrenador jefe de Arizona State, donde llevó a Rahm al número uno mundial amateur y al tres profesional, ahora ha logrado relanzar la del golfista de la eterna sonrisa. Phil, de 47 años, no ganaba desde el «British» de 2013 y parecía que estaba pensando más en el circuito sénior que en otra cosa. Pero se ve que algo le debió de decir su hermano mayor el pasado invierno porque comenzó el año como una moto, hasta el punto de acabar quinto, segundo, sexto y primero en sus cuatro últimos torneos. No cabe duda de que la llama competitiva que Jon encendió en Tim (un tanto acomodado hasta entonces al estilo de vida universitario) le ha servido de estímulo y ahora se lo ha transmitido a su jefe. Otras parejas de éxito El caso del éxito de los Mickelson no es único en el mundo del golf. De hecho, otros dúos fraternales han alcanzado el número uno del mundo, como sucedió con Luke Donald y Chris y, más recientemente, con Dustin Johnson y Austin. Si bien los ingleses ya no siguen juntos después de ocho temporadas de convivencia, los estadounidenses están cada vez más compenetrados y en la cima de la lista; además, en su caso, los reconocimientos no son solo para el jugador, sino que el asistente fue designado mejor caddy del año en 2017. La confianza que se tiene en el seno de una familia y el hecho de conocerse desde pequeños dan un plus añadido del que también se aprovechan en el circuito femenino. Es el caso de la canadiense Brooke Henderson, que desde amateur está ligada a su hermana Brittany y ya tienen un grande en su palmarés, o de Belén Mozo, que llegó al LPGA de la mano de su hermano Jesús y sumaron cinco años de vivencias comunes al más alto nivel.
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