Thursday , 22 February 2018

Muere Enrique de Dinamarca, el príncipe que quiso ser rey

El príncipe consorte Enrique de Dinamarca, Henri Marie Jean André de Laborde, conde de Monpezat y esposo de la reina Margarita II, fallecido a última hora del martes 13 de febrero a los 83 años de edad. La Casa Real danesa informó hoy mediante un comunicado que falleció a las 23.18 horas en el castillo de Fredensborg. Prince Henrik died tonight at 23:18 h at Fredensborg Palace. Queen Margrethe, Crown Prince Frederik and Prince Joachim were at his side during his last moments. May he Rest In Peace.— Scandinavian Royals. (@crownprincely) 14 de febrero de 2018Con 81 años cumplidos y con 49 a sus espaldas ejerciendo como príncipe consorte, Enrique de Dinamarca tomó la decisión de retirarse. Llevaba ya tiempo planteando la cuestión a su esposa la reina Margarita , pero esta prefirió esperar hasta año y medio después de la abdicación de Juan Carlos I de España, que las casas reales europeas leyeron como una jubilación en toda regla. Vista la naturalidad con la que la sociedad española había sobrellevado ese retiro, hizo valer sus argumentos y la reina se avino a anunciar a los daneses, durante su mensaje de Año Nuevo de 2016, una decisión para la que pidió «comprensión y respeto», al tiempo que expresaba su agradecimiento por el apoyo que durante tantos años había recibido. Enrique abandonaba sus obligaciones oficiales con la satisfacción del deber prestado, pero con una íntima frustración, la de no haber sido nombrado rey. Cuando Margarita y Enrique se conocieron, en 1967, él trabajaba como diplomático en Londres y tenía ante sí una prometedora carrera que abandonó para casarse. Era un hombre de mundo, un hombre de acción. Tras pasar su infancia en Hanoi, Vietnam, donde su familia francesa, condes de Montpezat pero sin pertenencia a la nobleza hasta que otorgó el tratamiento la reina de Dinamarca, tenía intereses empresariales, había estudiado Derecho y Ciencias Políticas en la Sorbona y había completado su formación en Hong Kong y en Saigon. Posteriormente y en cumplimiento del servicio militar, formó parte de la armada francesa durante la Guerra de Argelia entre 1959 y 1962, antes de ingresar en el Ministerio de Exteriores francés , donde fue destinado a la secretaría de la embajada en Londres. La pareja formada con la entonces princesa heredera, casados el 10 de junio de 1967, dio lugar a una hermosa familia con dos hijos y ocho nietos, a los que se suman también sus otros hijos, los intelectuales. En 2000 publicaron juntos «Cantabile», un libro de poemas de amor compuestos por Enrique y acompañados con ilustraciones muy personales realizadas por su esposa. Estos trabajos conjuntos son una de las actividades que ha unido a la pareja a lo largo de los años y entre ellas destaca la traducción al danés que firmaron conjuntamente de «Todos los hombres mortales» de Simon de Beauvoir. Pero desde que Margarita fue coronada reina, sus múltiples obligaciones obligaron a Enrique a un segundo plano y una pasividad difíciles de asumir. Su vida no se llenaba con un papel de mero acompañamiento en actos oficiales y ocupó su tiempo en la viticultura, en los viñedos franceses de su familia, así como en la poesía, publicando colecciones que incluyen Chemin faisant (1982), Les escargots de Marie Lanceline (2003), Murmures de vent (2005), y Frihjul (Rueda libre, 2010). A duras penas logró domar su espíritu activo y emprendedor, de manera que, si bien su relación con Margarita nunca resultó dañada, su relación con los daneses sí sufrió algún deterioro, debido a que la reina hubiera accedido gustosa a colocar la corona sobre la cabeza de su esposo, pero hubo de acatar unas leyes que el pueblo danés se negó a modificar. «Hoy a la mujer se le da el título de reina, pero el marido de una reina no se convierte en rey, por lo que la relación de pareja queda desequilibrada a ojos de la opinión pública y eso es traumático», se quejó en una entrevista concedida a espaldas de la casa real y en la que reprochó abiertamente a la sociedad danesa, tan igualitaria al equiparar a la mujer en la igualdad de derechos con el hombre, pero que en este caso, según su punto de vista, ha mantenido hacia su persona una discriminación por el hecho de ser varón. Reconoció sentirse «inútil» y «relegado» allí donde consideraba que podía ejercer una gran labor por Dinamarca y comenzó a protagonizar una serie de escenas que acapararon la atención de la prensa europea y que llegaron a eclipsar su personalidad abierta y cosmopolita y su intelecto y sensibilidad. Fue en 2002, en lugar de acompañar a su esposa en las nupcias del príncipe heredero Guillermo con Máxima Zorreguieta, del que Margarita es madrina, Enrique se retiró a su castillo de Caix, en el sur de Francia, para «reflexionar sobre su vida», haciendo evidente un malestar que los daneses nunca llegaron a entender. En 2005 fue ascendido a príncipe consorte, como el duque de Edimburgo, casado con la reina de Inglaterra y el príncipe Claus de los Países Bajos, consorte de la reina Beatriz. Pero no fue posible ir más allá porque la legislación danesa, al igual que las de otros países europeos, conserva ese desequilibrio desde los tiempos en que el marido de una reina podía influir, por su condición, en asuntos de Estado y propiciar un cambio de dinastía. Su malestar solidificó en salidas de tono que no ayudaron precisamente a que los daneses viesen con buenos ojos una modificación de la ley a su favor, como la confesión de que en Vietnam se había aficionado a comer carne de perro o que había pagado con el dinero de su padre los servicios de una prostituta. También se permitió cuestionar el futuro de la monarquía europea, «amenazada por la tendencia de los jóvenes herederos a casarse con personas que no son de sangre real», como su propio hijo, casado con la abogada australiana Mary Donalson. A pesar de estas estridencias y apiadada por su malestar, la reina Margarita hizo un último intento de promover a su esposo con motivo del 75º cumpleaños de la reina, que habría sido una buena ocasión para otorgar la corona a su marido, pero de nuevo la consulta fue denegada y Enrique reaccionó negándose a asistir a las celebraciones y alegando que tenía gripe, para dejar filtrar inmediatamente que estaba de vacaciones en Venecia. A estas alturas, sin embargo, la casa real danesa se había visto obligada a reconocer que ciertas actitudes del príncipe consorte tenían como causa, no su insatisfacción, sino una demencia senil que avanzaba con rapidez. «Sueño con jubilarme con la Reina y sentarnos bajo una higuera en Francia y gozar del sol», dijo en una e sus últimas entrevistas, declarando de nuevo su amor por Margarita, «aunque sé que eso es imposible, porque ella no puede decir que ya no quiere ser monarca y marcharse. No puede renunciar a su deber, debe seguir hasta la muerte».
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