Óscar Sevilla, colombiano por amor

A Óscar Sevilla lo llamaban el «mirlo blanco» por su cara angelical, rasgos de niño preparado para la primera comunión, rostro de infante por más que pasen los años. También recibía ese apelativo por las expectativas que generó desde que debutó en 1998 en el equipo Kelme, aquella nido de abejas adiestrado por Vicente Belda que, con el paso de los años, adquirió mala fama por su relación con el médico Eufemiano Fuentes. Sevilla despuntó en el Gres de Nules y se hizo profesional rodeado de una aureola excitante. No solo era bueno, sino que era un gran embajador del marketing. Vendía su sonrisa, su aspecto infantil, su mirada limpia y su facilidad para comunicar. Hablaba muy rápido, nunca perdía la compostura, agradaba al público… Aquella clasificación de los jóvenes que ganó en el Tour de Francia 2001 elevó el estatus de Sevilla, tan gracioso con su maillot blanco inmaculado al frente de una tabla que siempre genera ilusión por ser el futuro que se avecina. Sevilla estuvo a punto de ganar la Vuelta, lo que hubiera sido la guinda. Pero como si fuera un anticipo de lo que vendría, se impuso Ángel Casero y no Óscar Sevilla. Jamás conquistó una gran ronda. Tampoco lo hizo al año siguiente, aquel 2002 descontrolado para él. Aitor González, el alicantino amante de la playa, compañero suyo en el Kelme, le aplicó un severo correctivo y lo dejó para el arrastre. El ciclista nacido en Ossa de Montiel nunca se recuperó de aquello y en 2005 inauguró su periplo como gregario. Lo fichó Jan Ullrich para el Telekom con la vana esperanza de que le ayudara a derrotar a Lance Armstrong en el Tour. Lo peor estaba por llegar para Óscar Sevilla, atrapado en los hallazgos de una redada policial que desarticuló de alguna manera la estructura de dopaje que tenía montada Eufemiano Fuentes. Sevilla (o Sevillano, según la terminología del doctor) era el propietario de una de las bolsas de sangre identificadas por la Guardia Civil. Sevilla no fue sancionado por la justicia española puesto que el dopaje no era delito en España en ese momento, y tampoco recibió ninguna sanción deportiva al negarse el juez instructor a facilitar a los organismos deportivos internacionales (AMA, UCI) las pruebas (documentación y bolsas sanguíneas) que demostrarían su implicación como cliente de la red de dopaje. Después de un breve paso por el Relax, el ciclista se convirtió en emigrante por el descrédito que vivían los deportistas implicados en la operación Puerto. Fichó por el Rock Racing estadounidense y se centró en el calendario americano. De Estados Unidos a Colombia. Allí el destino le cambió la vida. Una mujer, Yvon, le transformó en otra persona, según relata él mismo. Le ayudó a sonreír, a relativizar los problemas, a vivir con menos. Después de una Vuelta a China, Sevilla tenía dos opciones: volver a España o cambiar el billete para Colombia. Eligió esto. Por amor se ha nacionalizado colombiano, se siente colombiano, piensa en colombiano. Ha formado una familia, tienes dos hijas, Luna y Mia, y vive en Bogotá con horario suizo. Se levanta a las cinco de la mañana, lleva al colegio a sus hijas a las siete, se marcha a entrenar y vuelve al mediodía. Sigue sintiendo pasión por la bicicleta, por atacar en un pelotón, por entrenar cada día. Una mancha negra le llevó a Colombia, a la felicidad que ahora siente.
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