Para sanar las heridas del alma luego del paso de un ciclón


La devastación que dejó el azote del huracán María es evidente en el daño a  la infraestructura, la vegetación y la falta de servicios esenciales. 

Sin embargo, hay otro deterioro que no necesariamente es tan fácil de identificar y que puede tardar más en manifestarse. Se trata de la huella emocional que un fenómeno tan potente es capaz de dejar en quienes lo sufren, y esto incluye a los niños. 

Frank Zenere, jefe de psicólogos escolares del programa de manejo de crisis del condado de Dade, en Miami, lleva muchos años observando el impacto que tienen los desastres naturales en las comunidades escolares. En varios estados de Estados Unidos e India ha servido de colaborador para establecer  planes de atención a las necesidades que surgen en el entorno educativo luego de un desastre.  

Con ese mismo propósito, el funcionario estuvo de visita en Puerto Rico. Aquí compartió su experiencia con la secretaria de Educación, Julia Keleher, funcionarios de la agencia, y un grupo de miembros de la comunidad entre los que estuvieron el presidente de la Universidad Carlos Albizu, José Pons Madera, la senadora del Partido Nuevo Progresista,  Zoé Laboy, y Loren Ferré, directora creativa de GFR Media, entre otros. 

Keleher sostuvo que atender el bienestar emocional de estudiantes, padres, maestros y demás personal en los planteles es una prioridad. Así, se busca evitar errores cometidos en el pasado, tales como el regreso a clases tras el azote del huracán Georges a la isla en 1988. En aquel momento, dijo la secretaria de Educación, un informe de la agencia documentó que la dependencia no fue eficiente para responder a esta necesidad. 

En la presentación que hizo ayer frente a la secretaria y el grupo de invitados, Zenere fue enfático en la importancia de que cualquier esfuerzo en esa dirección sea consistente. 

Para explicar lo que ocurre tras un desastre natural o una tragedia de grandes proporciones, los comparó con un globo de copos de nieve. Dijo que similar a lo que ocurre con los copos de nieve, que nunca caen en el mismo lugar después de que alguien agita la esfera, las cosas nunca vuelven a ser iguales después de una situación como el huracán María. 

Dijo que aunque todo el mundo resulta impactado por el evento, siempre los más vulnerables -pobres, viejos, enfermos- sufren a un nivel mucho mayor. 

En el caso del huracán Katrina (2005), uno de los huracanes más feroces ocurridos en la historia de Estados Unidos, el fenómeno provocó que varias semanas después el 60% de los niños tuviera problemas de sueño, 50% experimentara miedo y el 70% sufriera de ansiedad.

Mientras, en la población adulta también se sufre el impacto y son más frecuentes problemas de salud, divorcio y absentismo, entre otros. Estos no necesariamente se presentan de inmediato, sino que surgen a medida que las personas comienzan a retomar la normalidad.

Anticipar necesidades

Desde el punto de vista del psicólogo, es importante anticipar las necesidades de la población para proveerles el ambiente más apropiado en la comunidad escolar.

Algunas que se repiten en este tipo de situaciones son: seguridad (tanto física como emocional), validación de las emociones y la oportunidad de compartirlas con otros, lo cual ayuda a “quitarles un peso de encima”. También es vital ayudar a la gente a predecir lo que va a pasar después y a prepararse para ello. Esto es particularmente útil para los niños.

Una manera de ofrecer seguridad a los pequeños es explicarles que los huracanes son predecibles y, con la experiencia que dejó María, es posible prepararse mejor si otro evento similar vuelve a ocurrir. 

“Va a tomar tiempo la recuperación”, enfatizó el experto, quien recomendó a los adultos adoptar estrategias de autocuidado para mantener el balance, tales como el ejercicio, la meditación, la escritura. También sugirió ser flexible -y esto incluye a los centros de trabajo y a los patronos- para lidiar con todas las situaciones que enfrenta el país en este momento.

Advirtió que el abuso de sustancias, la violencia doméstica y el abuso de los niños tienen el potencial de aumentar en medio del panorama que enfrenta Puerto Rico.   

Para Keleher, el embate de María “es  una oportunidad para construir resiliencia y cambiar la manera en la que hablamos  de nuestras circunstancias”. 

Sostuvo que aunque ha dicho que las escuelas podrían volver a abrir el 16 de octubre, reconoce que esto no será posible en todas las zonas y por eso ha concedido flexibilidad para que cada empleado y región  trabaje de acuerdo a sus circunstancia, pero enfatizando en la necesidad de retomar el calendario académico.


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