Saturday , 23 June 2018

Quizá el deporte más peligroso del mundo: el récord de velocidad sobre el agua tiene una mortalidad del 85%

Mucho se ha hablado de los riesgos del boxeo, el fútbol americano o de otros deportes de velocidad como el motociclismo o la Fórmula 1. Toda práctica deportiva tiene sus contraindicaciones pero, mientras lloramos a Simoncelli o investigamos el cerebro de las estrellas de la NFL, se nos olvidó la altísima mortalidad de una disciplina tan vistosa como extrema: el récord de velocidad sobre el agua. No es un deporte muy extendido, ni muy barato ni muy televisado, pero se calcula que el 85% de las personas que intentan batir ese umbral acaban muriendo. Actualmente, el récord de velocidad sobre el agua está en propiedad del australiano Ken Warby, que puso su embarcación a 511.1 kilómetros por hora hace 40 años (el 8 de octubre de 1978). Desde entonces, nadie le ha superado. Esta obsesión por conocer los límites de la ingeniería comenzó hace ahora unos 100 años, cuando Casey Baldwin alcanzó unos (entonces heroicos) 114 kilómetros por hora. Era el año 1919 y a esta locura se fueron sumando empresas que desarrollaban lanchas de potencia anormal con el único propósito de batir el récord anterior. Era una especie de carrera espacial en la que, a mediados de siglo, la familia Campbell (primo el padre, después el hijo) impuso su propia ley. Malcolm Campbell (1885-1948) tuvo el récord entre los años 1937 y 1939 y en ese tiempo amplió el límite de los 203 por hora a los 228. Murió después de varios derrames cerebrales con el honor de ser uno de los pocos en su disciplina que ha fallecido por causas naturales. Campbell obtuvo fama mundial por su facilidad para ganar en otras muchas competiciones de velocidad. Imagen del Bluebird K7, la embarcación de Donald Campbell – Creative Commons Tras un parón de dos años en el que el récord estuvo en manos de Stanley Sayres, llegó el turno de Donald Campbell. Entre 1955 y 1964, el hijo del Malcolm amplió el límite de los 325 a los 444, pero murió intentando superarse. Falleció en 1967 en Coniston Water (Inglaterra) cuando su mítico Bluebird K7 se desequilibró, dio una vuelta de campana y se despedazó contra el agua. Tal fue la brutalidad del accidente que tanto su cuerpo como su lancha no fueron rescatados hasta primeros del siglo XXI. Muchos han muerto en circunstancias parecidas intentando quebrar los límites de la física. El último en conseguirlo fue Ken Warby (511.1 kilómetros por hora), que hoy tiene 80 años y no parece que viva para conocer a su sucesor. Dejó el listó tan alto que, aliado con la altísima mortalidad de este deporte, no ha encontrado quien le supere. Cuarenta años han pasado. Y sumando.
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