Monday , 20 November 2017

Recogiendo el guante

EN tres horas de debate parlamentario no se arregla el problema de los incendios en Galicia. Ni siquiera en treinta. Imagínense cuántas se llevan dedicadas en estos treinta y pico años de autonomía y pónganlas en perspectiva con los cientos miles de hectáreas calcinadas. Sería legítimo caer en la tentación de creer que mucho hablan los diputados de todo color y signo político, pero cuando vienen mal dadas, el monte gallego sigue ardiendo cuando algunos le prenden. Mejor evitemos los simplismos. Las tres horas que la Casona do Hórreo dedicó ayer a la crisis incendiaria de los días 15 y 16 de octubre tampoco han encontrado la fórmula mágica. Pero al menos han establecido un principio de zona libre de bombas entre gobierno y oposición, un punto de partida para reformar la política forestal del país y avanzar hacia un modelo que dificulte la acción terrorista de los incendiarios. Porque no perdamos eso de vista: sin la figura de estos indeseables, el drama del fuego en Galicia no tendría las dimensiones que conocemos. Esta semilla de posible acuerdo entre izquierda y derecha es, sin duda, lo más sensato para resumir de lo escuchado. Porque fue una sesión con mucha hemeroteca, y para un puñado de diputados memoria viva, la de aquellos que estaban en la Cámara aquel 5 de septiembre de 2006, cuando el bipartito rindió cuentas por el «agosto negro». No se entiende, por tanto, que Ana Pontón y Xaquín Fernández Leiceaga traicionaran su propia trayectoria exigiendo dimisiones que hace once años ellos no consideraron oportunas. El caprichoso Diario de Sesiones los desacreditó sin excesiva dificultad. Capítulo aparte merece un Luís Villares de quien uno ya no sabe qué esperar o a qué faceta de su poliédrico discurso político atender, si a la del émulo togado del Beiras más desquiciado o a la del diputado razonable capaz de criticar y proponer. En algún lugar del amplísimo terreno intermedio entre esas posturas extremas debe estar el verdadero político que quisiera ser el magistrado en excedencia. Seguramente siga buscándose. Y luego, las formas del presidente. En 2006 asistimos a un Touriño que quiso bajar a la arena para intentar sepultar en ella al Feijóo opositor, con reproches personales y descalificaciones gruesas. Eso sí, se permitió el lujo de asegurar que él se intentaba recetar todas las mañanas humildad y autocrítica. Por sus obras lo acabamos conociendo. Ayer, Feijóo evitó vanaglorias artificiosas y tendió la mano a la oposición. La buena noticia es que le fue recogida. Algo avanzamos desde 2006.
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