Tuesday , 19 June 2018

Sánchez busca ganar votos por la izquierda con un discurso antiélites

Pedro Sánchez no recela de su decisión de haber apoyado al Gobierno en la aplicación del artículo 155. Ayer mismo lo defendía en un acto con las bases socialistas ante la petición de un militante de «no volver a pactar con la derecha». El secretario general respondía: «Es que la izquierda tiene que defender la soberanía nacional». Es además el principal (si no único) elemento diferenciador con Podemos. Pero los resultados en Cataluña y el triunfo de Ciudadanos obligan al partido a abrir la estrategia a otros espacios. Son conscientes en Ferraz de que muchos electores de izquierda o centro-izquierda pueden verse atraídos por el discurso de Albert Rivera en lo relativo al conflicto territorial. Por eso Sánchez está tratando de escorar la agenda hacia las cuestiones económicas y sociales. Un espacio en el que puede hacer oposición al Gobierno y rivalizar en mejores condiciones con Ciudadanos, insistiendo en su condición de sostén del PP y en su derechización. En Ferraz consideran que Podemos ha quedado «desbordado» por la crisis catalana y quieren ocupar un espacio nítido en la izquierda para impedir que Pablo Iglesias recupere el pulso. Y es que la estrategia de Podemos en 2018 no va a ser otra que visibilizar que Sánchez no quiere la moción de censura y que es responsable de que Mariano Rajoy siga en La Moncloa. Pasado el trance del 155, Sánchez quiere recuperar el discurso con el que recuperó la secretaría general y su estrategia de los primeros meses: lo prioritario es recuperar el voto de izquierdas que se fue a Podemos. El «monotema» catalán Ayer, durante un acto con militantes del partido, Sánchez recuperó ese tono impugnatorio con el que ganó las primarias. Un discurso contra las élites y en el que se sitúa frente a los medios de comunicación: «Tenemos que movilizarnos, enfrente tenemos una élite política y mediática que quiere perpetuar gobiernos conservadores», indicó ante varios centenares de militantes en el madrileño barrio de Hortaleza. No fue una frase aislada, sino un hilo argumental con el que Sánchez quiere salir del «monotema» catalán. Sin decirlo expresamente, viene a acusar a los medios de priorizar este tema para favorecer a Ciudadanos: «Por mucho que las élites políticas y mediáticas pongan en los medios de comunicación otras cosas bien distintas a nuestras preocupaciones, ganaremos las elecciones». En esa agenda económica Sánchez ha elegido las pensiones como principal caballo de batalla. Ayer insistió en su idea de establecer un impuesto extraordinario a las entidades financieras: «Si el Estado rescató a la banca, la banca va a rescatar las pensiones». Sánchez habló también de un pacto de rentas que lleve el salario mínimo hasta los 1.000 euros en 2020 o de una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres. Y también a algo que le demandó la militancia: derogar la reforma laboral y elaborar un nuevo estatuto de los trabajadores. Tan de izquierdas como Podemos pero con el pedigrí de haber defendido la soberanía nacional. Ese es el cóctel que Sánchez exprimirá en los próximos meses. De momento se trata de contemporizar el auge de Cs como «la batalla de las derechas». Los tres ejes en los que basará su apuesta serán «la regeneración democrática, el combate contra la desigualdad y que la recuperación sea justa». Todo con un enfoque reformista que traslade menos incertidumbres que Podemos, pero tratando de hacerse con sus votantes. Ya lo dijo Sánchez a comienzos de semana en un desayuno: «La nueva Constitución debe ser también la del 15-M».
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