Tuesday , 19 June 2018

«Su novio le decía qué fotos debía publicar en las redes, controlaba todo lo que hacía»

Los jóvenes del Instituto Arturo Soria entran en el aula y, después de unos minutos de bullicio, se sientan en sus pupitres y miran a la pantalla. Los mensajes son contundentes: «Espiar el móvil de tu pareja es violencia de género», «Exigir a tu pareja que demuestre dónde está con su geolocalización es violencia de género», «Pedirle a tu pareja que te dé sus contraseñas es violencia de género». En este instituto de Madrid no toca hoy debatir si hay que estudiar o no Religión o es necesario reforzar el Inglés. La «asignatura» ausente y que preocupa a directores, profesores y organizaciones de prevención, es la violencia de género en los jóvenes. El motivo es claro y preocupante: «Los estudios revelan que entre los adolescentes se está produciendo un retroceso en la concienciación, una menor percepción de las diferentes formas de violencia de género y esto se da sobre todo en las redes sociales, que es el medio que más usan y, a su vez, el que más facilita las posibilidades de generar daño», apunta Jorge Flores, fundador y director de Pantallas Amigas. Esta entidad se dedica a fomentar el uso saludable de las nuevas tecnologías y fue una de las participantes en la subcomisión creada para la elaboración del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Flores justifica la importancia de su trabajo en las aulas, «sobre todo porque las administraciones no pueden actuar en las redes como en el ámbito público». «La violencia se aprende» Pantallas Amigas cuenta con monitoras que se acercan a los institutos de varias comunidades autónomas para hablarles sobre estos temas a los jóvenes, con la esperanza de que logren erradicar en el futuro y, también en su presente, esta lacra social. Para que la charla no se limite a meros enunciados, una de las monitoras, Rocío Viladegut, aprovecha capturas de conversaciones de Whatsapp, uno de los medios más usados por los jóvenes: «Marta, ¿qué hiciste anoche? No me contestaste las llamadas. ¿Con quién estabas? ¿Y para qué quitas la última conexión?». Pese a la explicación de la joven, que le dice que fue al cine con amigas, su novio insiste y además la acusa de mentirosa. Viladegut identifica con ejemplos como este la violencia de género y les recuerda a los alumnos que no se limita a los golpes y que, además, «no es innata sino una estrategia aprendida». Pero sobre todo, intenta desmitificar acciones que parecen muestras de amor y, en realidad, son formas de control: «El amor romántico que sostiene que tienes que aguantar lo que sea, que implica exclusividad, que dejemos de ser “uno” para ser “nosotros”, son mitos. Una relación sana está exenta de celos, supone tener actividades diferentes a las de tu pareja», explica Viladegut. El objetivo de la monitora es «bajar» al terreno de los adolescentes para que, si se identifican con algunas de las situaciones, las reconozcan y las denuncien. «Estas charlas están bien para que la juventud aprenda de sus errores y haga una sociedad mejor», asegura Jorge, uno de los alumnos participantes. «Conozco casos de estos, el novio de mi amiga le decía qué fotos debía publicar en las redes, controlaba todo lo que hacía. Una vez subió una foto de perfil en el Whatsapp con un amigo y él la llamó enfadado. Ella no hacía nada para impedírselo», agrega. Como amigo le aconsejó que lo dejara, «pero no puedo actuar por ella, es controlada por su pareja y el problema es que seguirá haciéndolo», lamenta. Para Alexandra, «tiene que haber un punto medio. Si tu pareja ha salido y le ofreces recogerla porque está sin coche me parece bien, pero de ahí a estar cada cinco minutos preguntando dónde está es excesivo, tiene que haber libertad». Cuando ellas controlan Que un joven le pida a su pareja que cambie de foto o le pregunte por qué no contestó un mensaje es identificado en clase como una muestra de violencia de género. Para Flores, «la violencia tiene muchas formas y es también psicológica. Es una estrategia de control». Los jóvenes coinciden con la tesis de Flores: «Primero se empieza con el control y al final se va más allá y acaba habiendo agresiones», opina uno de los chicos. «Si lo niegas es precisamente cuando empiezan a ocurrir las cosas más graves», añade otro de los adolescentes. Según datos del estudio «Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud», uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años considera inevitable o aceptable, en algunas circunstancias, controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus amistades o familiares, no permitir que trabajen o estudien o decir qué pueden o qué no hacer. Al final de la charla, una de las alumnas reconoció tener actitudes de control: «Yo muchas veces lo hago, tengo que aceptarlo, pero no es con maldad. No me considero controladora, pero sí me pongo muy celosa con cualquier cosa. Sé que está mal». César, otro de los alumnos contó su caso: «Mi novia me pedía constantemente que no subiera fotos sin camiseta. Al final, decidí terminar la relación porque yo tengo que hacer lo que quiera con mi vida». «Para evitar el machismo tienen que luchar tanto hombres como mujeres porque ellas también lo son a veces», añadió otro. Alumnos extranjeros En este sentido, Flores señala que «es verdad que hay muchos chicos que sufren y se quejan de que ellas también lo hacen y por eso hemos aprendido que es necesario explicar mejor las campañas. Si una chica lo hace también está mal, pero estamos trabajando más por eliminar una violencia estructural y que es la de género y se llama así cuando la sufren ellas por su condición». En clase hay muchos alumnos de nacionalidad española que han nacido en diferentes países de Latinoamérica: venezolanos, dominicanos, etc. «En mi país no hay tanta igualdad entre hombres y mujeres y, además, no hay charlas en los colegios como aquí», cuenta un joven de República Dominicana. «Los jóvenes nos hemos acostumbrado al machismo, hace falta gente que hable de esto, no se le da la importancia que tiene a la agresión física y psicológica», agregó un joven venezolano. Sin embargo, no basta solo con lo que puedan hacer las instituciones para concienciar; la aportación de los padres también es importante: «Es necesaria la colaboración en el ámbito familiar. Es importante que en casa no reciban mensajes diferentes que, por desgracia, son demasiado habituales. «Las familias de las chicas forman parte de una sociedad machista, esto se da sobre todo en entornos más rurales», apunta Flores. «Para mí es importante hablar esto con mi familia al llegar a casa, no solo en el colegio. Mi hermana me inculca mucho la igualdad, todos debemos quererla y tenerla», opina uno de los alumnos. «Mi abuela está educada de otra forma y no puedo cambiarla, lo mismo sucede con mi padre. Él muchas veces me critica la ropa que uso», confiesa una joven.
Última Hora

About rasco

Be Happy the future is friendly.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Allrights Reserved 2007-2018 - Beone Magazine - powered by rasco