Tuesday , 21 August 2018

Trump hace un llamamiento a la unidad tras un año marcado por la división

Cuando Donald Trump habla ante una sesión conjunta del Congreso -con los legisladores de la Cámara de Representantes y del Senado de ambos partidos- se transforma, se atempera. Se quita el disfraz populista y surge el Trump ‘presidenciable’ con el que soñaba el ‘establishment’ demócrata cuando su victoria en las primarias republicanas de 2016 era inevitable o en el que confiaban que apareciera una vez en la Casa Blanca. En un año en el Gobierno marcado por la gresca, la creciente división y las salidas de tono, ese Trump apenas ha dado señales de vida. Una de las pocas ocasiones fue en otro discurso ante el Congreso, hace menos de un año, con la misma serenidad que mostró ayer, en su primer discurso sobre el estado de la Unión. En estas ocasiones, el presidente de EE.UU. se ha mostrado como un republicano clásico: centrado en la economía, duro en la defensa militar y en la política migratoria, y con alusiones constantes al patriotismo. Y, tras un año de enconamiento y pelea continua con la oposición, y con el cierre del Gobierno todavía fresco por la polarización en el Congreso, Trump llamó a la unidad en diversas ocasiones, un rasgo poco habitual en él. «Esta noche, hago un llamamiento para que dejemos de lado nuestras diferencias, para que busquemos puntos de encuentro y que consigamos la unidad que necesitamos para servir al pueblo para el que fuimos elegidos servir», dijo en el arranque de su discurso. Estas ocasiones suelen ser también una oportunidad para que los presidentes saquen pecho de los logros alcanzados. Tras un año sin apenas éxitos legislativos, incapaz de acabar con la reforma sanitaria de Barack Obama y con sus embates contra la inmigración frustrados en parte por los tribunales, se centró en su mejor baza: la economía. «Desde las elecciones, hemos creado 2,4 millones de puestos de trabajo, incluidos 200.000 en el sector manufacturero. Después de años de estancamiento de los salarios, por fin los vemos crecer», dijo, y celebró la caída histórica de la tasa de desempleo, en sus niveles más bajos desde hace 45 años y en los más bajos de la historia para las minorías negra e hispana. «Es el nuevo momento americano. Nunca ha habido un mejor momento para empezar a vivir el sueño americano», dijo tras congratularse por aprobar «la mayor reforma y recorte fiscal de la historia», su gran éxito legislativo. Trump también celebró la eliminación de regulaciones, el impulso al sector energético y las nuevas inversiones de la industria dentro de las fronteras del país. No hubo, eso sí, siquiera una mención al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que se ha comprometido muchas veces a acabar con él y cuyo futuro sigue pendiente de negociaciones. Dentro del impulso económico, pidió al Congreso el impulso de un plan de infraestructuras «de al menos 1,5 billones de dólares», una de sus promesas de campaña que sigue sin ver la luz. Este sería un campo donde podría encontrar colaboración de la oposición demócrata. Pero el tenso clima político en Washington y las elecciones legislativas de noviembre, donde los demócratas se juegan recuperar poder en el Congreso (las dos cámaras son de mayoría republicana), podrían impedir el acercamiento. AFP El mismo tipo de esfuerzo de ambos partidos es el que Trump necesitará para aprobar la reforma migratoria, un asunto polarizado que provocó el desencuentro legislativo y el cierre de Gobierno. Aquí el presidente reiteró su propuesta -la avanzó hace unos días- de reforma, que calificó de «generosa» y de «acuerdo a medio camino», una visión que la oposición demócrata no comparte en absoluto. Trump pretende ofrecer el acceso a la ciudadanía estadounidense a 1,8 millones de ‘dreamers’ (‘soñadores’), jóvenes inmigrantes que llegaron al país de forma ilegal como niños. A cambio, exige el endurecimiento de la persecución de indocumentados, la construcción del muro con México, la limitación de la concesión de residencia a familiares y el fin de la lotería de visados. En una de las secciones con corte más populista de su discurso, defendió el endurecimiento de la política migratoria como freno a la proliferación de bandas como el MS-13, estableciendo un nexo entre violencia y emigración. En política exterior, insistió en la necesidad de «financiar al máximo» a nuestro ejército, otro punto de roce con los demócratas en el Congreso y exigió «la modernización y la reconstrucción de nuestro arsenal militar». Se felicitó por los avances contra Daesh conseguidos en Siria e Irak, pero apenas se detuvo en hablar de las amenazas de otros países. Solo lo hizo con Corea del Norte con quien «la experiencia nos ha enseñado que la complacencia y las concesiones solo invitan a la agresión y la provocación. No repetiré los errores de anteriores administraciones». A China apenas la nombró una vez, igual que hizo con Rusia, a pesar de que es el país que más ha sonado durante su primer año en la Casa Blanca por las investigaciones oficiales sobre un presunto complot entre Moscú y su campaña electoral. En un año en el que la prensa estadounidense ha criticado el deterioro a las instituciones democráticas que ha traído Trump, el presidente cerró su discurso con un alegato a la excepcionalidad del sistema de Gobierno estadounidense, basado en el autogobierno y en la libertad. Sobre esta última, representada en una estatua sobre el Capitolio, desde donde Trump hablaba, dijo que se levantaba «sobre los monumentos de nuestros ancestros, que lucharon, vivieron y murieron para protegerla. Monumentos a Washington y a Jefferson, a Lincoln y a King». Hasta los demócratas se levantaron para aplaudir al presidente de EE.UU.
Última Hora

About rasco

Be Happy the future is friendly.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Allrights Reserved 2007-2018 - Beone Magazine - powered by rasco