Sunday , 17 December 2017
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Una situación real en sentido figurado

Hace unas semanas una persona que está en activo, bastante cercana al poder, y que ha tenido cargos importantes a nivel nacional e internacional en el mundo de la vela, me preguntaba sobre un artículo que publiqué titulado “Cómo organizar una regata y no morir en el intento”. Él entendió que lo había escrito en modo jeroglífico. De vez en cuando creo que es necesario escribir artículos para que los lectores lo interpreten a su libre albedrío y si alguien se siente identificado en ellos para bien o para mal, es su problema. En los últimos meses, más o menos los que llevamos de año, me he encontrado con una situación en cierto modo previsible, y que con el tiempo me ha acabado dando la razón desde mi particular punto de vista. «En pleno proceso electoral determinada persona se insinuó, que debía posicionarme hacia una de las opciones que se presentaban, que parecía que no quería que siguiera el poder establecido»Jaume Soler Como todos, o casi todos sabéis, recientemente se han celebrado elecciones a la Federación Española de Vela. Unas elecciones eternas, que han durado algo así como medio año. Y como acostumbra a ser habitual en todos comicios estos dejan vencedores, vencidos, traiciones y víctimas colaterales. Me sitúo en este último grupo. Supongo que esto es ley de vida, y hasta cierto punto estoy hasta acostumbrado. Me hizo gracia cuando en un momento dado –parafraseando al mítico Johan Cruyff-, en pleno proceso electoral determinada persona se insinuó, estando yo trabajando para el ente, que debía posicionarme hacia una de las opciones que se presentaban, que parecía que no quería que siguiera el poder establecido. A lo mejor soy torpe y un poco idealista, debo ser de los pocos que intenta seguir el código deontológico de mi profesión. En aquel momento supe que de no seguir los pasos de esta insinuación mi trabajo acabaría justo en tres meses; pero también sabía que, aunque optara por aceptarla, aquella insinuación también se acababa. No me equivoqué. Es por ello que opté por seguir mi camino e idea de servir a la institución como tal, y no a las personas. No lo dudé ni un segundo e incluso uno de los asambleístas ganadores me felicitó por no haber hecho apología por ningún candidato y por mi neutralidad. En cierto modo a este segundo le agradezco su detalle. El hecho es que las semanas que han seguido lo han hecho con el guión establecido, con cierto orden desorganizado, intentando ganar tiempo no se sabe muy bien para qué. Los vencedores de las elecciones llevan más de año y medio en el poder, solo han cambiado algunas cartas en la dirección, pero ha sido solo eso, cambio de cartas; pero que nadie se lleve a engaño: Los tres ases de los que consta esta baraja, siguen siendo los mismos. El resto no dejan de ser cartas mejor o peor colocadas en la baraja, que les valieron para ganar la partida y que a partir de la victoria, muchas de ellas no dejan de ser eso, cartas sin ningún valor hasta el final del mandado, que será cuando las vuelvan a necesitar. Me comentan que alguno ya se ha dado cuenta de la situación y que se ha sentido utilizado. Y yo le preguntaría ¿Un poco tarde, no? Hay especialistas en utilizar a las personas algo así como si fueran pañuelos de celusosa, esos de usar y tirar. En la vida hoy estás arriba y mañana abajo, no ir de frente antes o después se te acaba volviendo en contra, y sino tiempo al tiempo. Pero por favor, que nadie se sienta aludido. No deja de ser una situación real descrita en sentido figurado. Será deformación profesional.
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