Monday , 18 June 2018

«Xiscu el xocolater», camino del oasis

La murga independentista atruena ya nuestros oídos como una de esas pesadísimas charangas de pueblo que a las tantas de la madrugada se convierten ya en tormento acústico. Les ha faltado tiempo a los de la “cruzada” de Carles y Oriol para plantarse con la estelada en el Prat y culpar del colapso a esa “malvada y ladrona” España que tan a mal traer les trae, porque eso en una “Catalunya lliure” y como la CUP y sus flequillos mandan no pasaría nunca, entre otras cosas porque no habría turistas si nos atenemos a la campaña de tufo violento de los anarco-independentistas contra los visitantes. En ese regreso al oasis de Ítaca, que bien podría glosar Lluís Llach –ese juglar de la “cruzada” que ya propuso andar a estacazos con los funcionarios no afines a la causa–, Neymar júnior y Neymar senior jamás se habrían ido del Barça, equipo que por otra parte ganaría todas las Ligas y las Copas de Cataluña por decreto habida cuenta de que es más que un club, de aquí a Qatar y de allí al Japón. Tampoco habría retrasos en las Cercanías (Rodalies) ni listas de espera en los hospitales, que aunque los trenes y la sanidad son gestionados por la Generalitat desde hace años tienen aún el “veneno español” metido en los cimientos y así, con esa herencia de cicuta, no hay manera. Incluso, en Free Catalonia los pujoles se decidirían a tener el dinero declarado y no tendrían, ¡los pobres!, que seguir con ese penosísimo y fatigoso turismo fiscal por todos los bancos opacos del planeta de la mano de la madre superiora, sor Ferru. No habría milletes ni montules, ni alavedras ni prenafetas entregados a la “mangoleta”, ni orioles trapicheando con las ITV, ni el barrio del Carmelo se volvería a venir abajo, ni tampoco el bono-catalán estaría en manos de los basureros de los mercados. Y se terminarían incluso las purgas a los no adictos al régimen porque, una vez hecha la limpia, ya no habría a quién purgar, ni tan siquiera haría falta que los medios de comunicación públicos fueran mínimamente plurales porque el “pensamiento único tiene sus ventajas”, como desde el trópico nos insiste ese gran demócrata llamado Maduro. De aquí al 1 de octubre no parará la pesada charanga (después, tampoco), un suplicio añadido al sedicioso intento de hacer papilla la ley, de pasar por encima del resto de los españoles a los sones de una versión machacona de “Xiscu el xocolater”, la insoportable y embustera monserga identitaria que nos llega como banda sonora del “nacimiento de una nación”… o lo que salga de la charanga. Álvaro Martínez
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